miércoles, 1 de julio de 2026

El pesimismo del Banco Central

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Por su autonomía, independencia y calidad de estudios y análisis técnicos, el Banco Central de Chile es un referente; sin dudas. En él trabajan 55 doctores (PhD), principalmente en economía, estadística y disciplinas afines. Ocupa un lugar, muy probablemente, en el podio de las instituciones con mejor reputación. Pero, como diría mi madre, “al que se le da más, se le exige más” …

En su último Informe de Estabilidad Financiera, correspondiente al primer semestre de 2026, el Banco Central presenta su punto de vista respecto de los principales riesgos y fragilidades para la estabilidad financiera chilena. En resumen, plantea que el principal riesgo apunta a que las condiciones de financiamiento se vuelvan más restrictivas como consecuencia de una intensificación del conflicto en Medio Oriente o de sus efectos sobre la inflación y crecimiento mundial.

 

El pesimismo del Banco Central queda plasmado en las palabras que utiliza y enfatiza: en el informe de 49 páginas, la palabra conflicto aparece 21 veces; Medio Oriente, 16 veces; crisis, 10 veces. Las palabras cobre, o términos de intercambio históricos, sorprendentemente no aparecen. No se oye, padre. El sabor final es básicamente un panorama gris. Un texto sin contraste ni matices.

 

La bonanza del cobre debería ser un tema particularmente importante y ser tratado en extenso. ¿Que no es parte del informe de “estabilidad financiera”? A otro perro con ese hueso.

 

¿Y el Informe de Política Monetaria? En el Ipom de marzo 2026 (46 páginas), la palabra guerra aparece 38 veces; Medio Oriente, 16 veces; conflicto, 10 veces. Si bien el cobre aparece 22 veces, ya sea en texto o gráficos, el tono o contexto en el cual se menciona en forma positiva es en menos de la mitad de las veces. Se esperaría, por ejemplo, un comentario, aunque sea breve, respecto de las perspectivas que importantes instituciones tienen respecto del metal rojo, las cuales coinciden en que el mercado mundial del cobre enfrenta una tendencia estructuralmente alcista en el mediano y largo plazo, impulsada por un crecimiento sostenido de la demanda y crecientes restricciones de oferta. Las proyecciones reflejan un consenso de mercado respecto de precios significativamente superiores a los promedios históricos observados durante la década anterior.

Es así como, a pesar de situaciones geopolíticas adversas en la actualidad (léase, a pesar de la “crisis” tan enfatizada), con todo, las principales instituciones han revisado al alza sus estimaciones. Goldman Sachs, por ejemplo, ajustó su proyección a US$6,80/lb hacia 2035; JP Morgan ajustó a US$5,50/lb promedio para la próxima década.

En el Ipom de marzo, un comentario sobre la demanda y oferta mundial de cobre queda relegado y perdido en un párrafo de un anexo en la página 34. ¿Habrá sido importante señalar que, por ejemplo, S&P Global proyecta que la demanda mundial de cobre aumentará desde 28 millones de toneladas en 2025 a 42 millones en 2040, esto es un crecimiento cercano al 50% en solo 15 años, que la oferta primaria llegaría a 32 millones de toneladas, y que, por lo tanto, se estima que a 2040 habría un exceso de demanda de 10 millones de toneladas? ¿Habrá sido importante señalar que la International Energy Agency  (IEA) estima que, bajo la cartera actual de proyectos, podría producirse un déficit de oferta cercano al 30% hacia 2035? ¿Vendrá al caso señalar que, de todos los yacimientos de cobre descubiertos en los últimos 35 años, solo el 5% se han encontrado en la última década, y, además, los plazos de ejecución de los nuevos proyectos de cobre son prolongados —alrededor de 17 años desde el descubrimiento hasta la producción— y muchos proyectos importantes han sufrido recientemente retrasos y sobrecostos significativos, y por lo tanto, esta dinámica sugiere un mercado estructuralmente más ajustado y su efecto en precios “altos”? ¿Valdrá la pena señalar que un déficit estructural en el mercado mundial de cobre aparece como el escenario dominante, y que JP Morgan proyecta déficits cercanos a 2 millones de toneladas en 2030 y hasta 8 millones en 2035, S&P Global estima una brecha cercana a 10 millones de toneladas hacia 2040 y la IEA advierte déficits significativos hacia 2035 si no se aceleran las inversiones?

Todo lo anterior, obviado en los informes del Banco Central, ciertamente que aportaría color al gris escenario que describe en los mismos. La lúgubre prosa del Central es dominada por un exceso de precaución. A eso, agréguese también un tono más positivo para los términos de intercambio y para el tipo de cambio real de largo plazo. Con buenas perspectivas en el largo plazo, cualquier bache en el corto plazo se pondera en forma distinta.

En economía, pareciera que existe una tendencia a pensar que un error de sobreestimación es peor que un error de subestimación. Quizás eso explica el exceso de precaución del Banco Central. Quizás eso también explica por qué implícitamente un error de subestimación se castiga menos que un error de sobreestimación. Pero la subestimación es tanto o más peligrosa que la sobreestimación, especialmente si la fuente es el Banco Central y si éste es un referente para las decisiones de inversión del mundo privado.

 

Iván Rojas B.



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