https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2026/11/04/pensiones-es-conveniente-cambiar-los-multifondos-por-los-fondos-generacionales-parte-ii/
En la primera
parte de esta columna se revelaron ciertos mitos respecto de los Multifondos.
Un breve resumen para contexto.
Una evaluación objetiva y sin sesgos ideológicos
del desempeño de los Multifondos desde su creación nos lleva a concluir que no
ha habido diferencia estadísticamente significativa entre el retorno mensual
del fondo A versus el E; tampoco hay diferencia estadísticamente significativa
entre el retorno del fondo A versus la TIR de bonos BCU del Banco Central. En
relación al fondo acumulado en cada opción, si bien el fondo A acumula desde su
origen hasta julio 2026 un monto mayor que el resto, se debe considerar que la
varianza del retorno acumulado también aumenta con el plazo, por lo que aumenta
la probabilidad de pérdida al abrirse el abanico de posibilidades positivas y
negativas. De hecho, se han presentado casos (20% de las veces) en que el fondo
acumulado E es mayor que el fondo acumulado A, ocurriendo el último en julio
2023, después de 20 años creados los multifondos. Y si lo anterior fuera poco,
el verdadero retorno para el afiliado, descontado lo que paga en comisiones,
está entre un 1,25% anual (fondo E) y un 3,9% anual (fondo A), siendo bastante
discreto, y lamentablemente, desconocido. Las comisiones se “comen” entre un
41% y un 58% de la rentabilidad bruta. La triste realidad es que el fondo A, como
estandarte la máxima búsqueda de retorno, terminó siendo poco seductor para el
afiliado.
Lamentablemente, no hubo un análisis de
este tipo antes de reemplazar los Multifondos por los Fondos Generacionales. La
trampa del retorno bruto esperado en largos plazos de inversión nubló el riesgo
del fondo acumulado y el Equivalente Cierto.
Así las cosas, y siguiendo esencialmente la
lógica del retorno esperado, los 10 Fondos Generacionales que reemplazarán a
los Multifondos, apuntan, supuestamente, a una gestión más ordenada del ahorro
a lo largo del ciclo de vida del afiliado, al asignarlo a una cartera de
inversión específica según su edad; y en la medida que el afiliado vaya
aumentando su edad, será asignado a otro fondo de inversión con menor riesgo,
obteniendo con ello, en teoría, una inversión más coherente con el horizonte de
jubilación. Ya no habrá libertad de cambio de un fondo a otro; la variable
clave y única para la asignación será la edad del afiliado.
En el papel, suena bonito. Pero la gestión
de riesgo va más allá de ello. Tiene que ver con el diseño del sistema global.
Diseño que, en esencia, seguirá manteniendo las mismas falencias.
Tratándose de las pensiones, debe tenerse
en cuenta que, si el modelo -tanto en las etapas de ahorro como en la de
desahorro- permite inversiones extra a instrumentos de cero riesgo de pago (hay
otros riesgos también), entonces, se está asumiendo un riesgo sistemático y no
sistemático adicional que, tal como se ha demostrado, su retorno asociado estadísticamente
solo compensaría el riesgo asumido, en el mejor de los casos. Nada más. No hay magia.
En términos técnicos, el juego consiste en ubicarse en algún punto de la línea
del mercado de capitales.
En la etapa de ahorro de pensiones (sistema
de AFP), el apetito por riesgo llevó a ampliar la inversión en búsqueda de
retornos esperados que pudiesen “mejorar las pensiones”. En la etapa de
desahorro (Retiro programado y Rentas Vitalicias), que también es parte del
sistema de pensiones, el diseño es aún peor: permite jugar en el casino del
mercado de capitales con las platas de los ya pensionados. Se podría decir que
es un apetito por riesgo 2.0, y en el caso particular de las rentas vitalicias,
un apetito por riesgo 3.0. Casi como una ironía, está el caso de una compañía
de seguros que literalmente invirtió en un casino. Y, por supuesto, nadie dijo
nada; todo supuestamente estaba en regla.
Las recientes pérdidas en el fondo E
producto de la inversión en instrumentos derivados, específicamente Swaps de
tasa de interés, son una consecuencia de un sistema mal diseñado. No se trata
de pedir “prudencia” a las AFP. Las reglas del juego tienen una falla de
diseño. En la búsqueda de mayores retornos, se permite la inversión en
instrumentos derivados tanto en los actuales Multifondos como en los futuros Fondos
Generacionales. ¿Que los porcentajes son acotados y limitan las pérdidas bajo
escenarios de estrés? Dígale eso a la opinión pública en la actualidad, a ver
si le aceptan esa respuesta. La conclusión aplica también a la renta variable
en general.
En el afán de “mejorar las pensiones” por
la vía de apostar a obtener un retorno esperado, el apetito por riesgo ha
llevado incluso a aumentar la inversión permitida en los denominados “activos
alternativos”: desde un máximo de 25% en el fondo generacional 1 (afiliados
hasta 35 años), un máximo de 10% en el fondo generacional 7 (afiliados entre 61
y 65 años), para llegar a un máximo de 5% en el fondo generacional 10
(afiliados mayores a 75 años). No nos quejemos cuando en algunos años más nos
llevemos sorpresas desagradables nuevamente. Ya el título “alternativo” debería
encender alguna alarma.
Cuando ocurren catástrofes como las vistas
recientemente con las pérdidas del fondo E, sobran los expertos y opinólogos en
comentar lo que pasó y buscar culpables para acallar el clamor popular y
ubicarse en el lado correcto de la historia. Pero más importante es anticiparse
a la tragedia. Y en el caso de las pensiones, antecedentes relevantes hay de
sobra. Volverán a ocurrir este tipo de eventos negativos, siendo los más
peligrosos los que afectan a las rentas vitalicias que sobreviven gracias a una
ficción contable, porque, por último, cuando la tragedia es en la etapa de
ahorro, hay tiempo -o algo de tiempo- para arreglar el problema. Pero no hacen
caso a las advertencias. Ni al Banco Central le hacen caso.
Con los Fondos Generacionales nos
nublaremos con su pomposa presentación. El brindis enterrará cualquier cuestionamiento
a los Multifondos. Seguiremos creyendo que la solución a un problema
demográfico está en el mercado de capitales. Tropezaremos nuevamente con la
misma piedra, pero con otra metodología. Y cuando ocurra una catástrofe, los
responsables harán la gran Macías: “no hago ningún mea culpa”; y volveremos a
ver los análisis y lamentaciones de los expertos de turno.
Iván Rojas Bravo




