domingo, 23 de agosto de 2020

¿Son caras las AFP, después de 39 años de existencia? Sí

https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/08/23/son-caras-las-afp-despues-de-39-anos-de-existencia-si/


Una variable clave en todo mercado es el precio. En el caso del sistema de pensiones, no solo resulta necesario conocer cuál ha sido el impacto real de las comisiones en la rentabilidad y en el fondo acumulado del afiliado, sino también obligatorio, toda vez que se quiere discutir una reforma. Al tratarse de un tema matemático, no debería haber tanto problema; sin embargo, hay que reconocer que ha existido mucha creatividad en la presentación de los números por parte de los defensores dogmáticos del sistema.


Cito ejemplos:

  •          Comencemos con uno burdo, para novatos: “Las comisiones son un porcentaje bajo del sueldo, digamos un 1%”. No toman en cuenta, a lo menos, que lo relevante es el porcentaje que la comisión representa del monto total que se descuenta para la futura pensión, por lo tanto, el mismo 1% del sueldo equivale a un 9,1% del monto descontado.
  •          Un ejemplo un poco más elaborado: “La comisión se cobra una vez y nunca más, sólo en el momento que ocurre el descuento, después la administración es gratis”.
  •         Otro más creativo: “La comisión como porcentaje del monto administrado es decreciente en el tiempo, llegando a ser un porcentaje muy mínimo, inferior a lo que cobran otras inversiones alternativas”. Este argumento, que relaciona un flujo versus un stock creciente, está más ingenioso y ha atrapado a muchos economistas. Normalmente se muestra un gráfico para generar mayor impacto.
  •       Otro más, que complementa cualquiera de los anteriores: “El sistema ha sido exitoso: del fondo acumulado, por cada $1 que puso el afiliado, hay $3 que corresponden a la rentabilidad obtenida por la AFP”. Esta evidencia deja en jaque a cualquiera que esté volando bajo.

La cuestión es: ¿habrá algún indicador que domine al resto, que sea de única interpretación respecto del costo efectivo que para el afiliado tiene la administración de sus fondos,  y que no esté sujeto al sesgo o ignorancia del comentarista de turno? La buena noticia es sí, existe. A 39 años de la puesta en marcha del sistema, es bueno salir definitivamente de las dudas.

Para determinar si las comisiones cobradas por la AFP son caras o baratas en relación a algún parámetro de comparación, se debe considerar en el análisis la rentabilidad del fondo de inversión.

Los defensores del modelo se han jactado por años que el sistema de AFP ha entregado retornos extraordinarios. ¿Qué indica la evidencia? Para el caso más optimista de una persona que ha cotizado 39 años sin lagunas previsionales, entre un 75 y un 77% de su fondo acumulado final correspondería a la rentabilidad que la AFP generó con sus aportes. Es decir, por cada $1 que aportó el afiliado, la AFP generó entre $3 y $3,78.

 


 Un éxito por donde se le mire, se podría decir. Pero calma; ese no es el cuento completo. Esa es la rentabilidad bruta de la inversión. Ahora entran al baile las comisiones.

¿Será relevante el efecto de las comisiones en la rentabilidad final para el afiliado?

La única herramienta matemática-financiera que domina a cualquier otro creativo indicador es la Tasa Interna de Retorno (TIR) implícita en los Flujos de Caja FINALES para el afiliado. Cada mes, el afiliado destina el 10% de su remuneración más la comisión cobrada por la AFP, a cambio de un fondo acumulado al final de su vida laboral, del cual dependerá su pensión. La tasa que iguala el valor futuro de los desembolsos mensuales (ahorro más comisiones), con el fondo acumulado, es la rentabilidad relevante para él. La CMF, lamentablemente, no exige a las AFP que informen esta TIR; y las AFP, convenientemente le hacen caso.

Hagamos el cálculo con el historial de 39 años, desde la creación del sistema (1981), luego las 5 opciones que se crearon con los multifondos (2002), hasta junio 2020. El siguiente cuadro resume los retornos de la inversión (brutos) y la rentabilidad final que para el afiliado (TIR, deducidas las comisiones). No se decepcione.


Para el período 1981-2020, las AFP “se comieron” 1/3 del retorno bruto vía comisiones. El afiliado pagó entre UF+2,61% anual y UF+2,87% anual por la administración de sus fondos. Nótese que estamos considerando el caso de una persona que cotizó ininterrumpidamente por 39 años, por lo tanto, la realidad es aún peor, es decir, el retorno neto de comisiones es más bajo (lo que equivale decir que el costo relativo es más alto).

Informar sólo la rentabilidad bruta, como ocurre hoy, es entregar información parcial. ¿Pagaría usted 1/3 o más de su ganancia al administrador de su fondo de inversión?

Los porfiados de siempre puede que den otro argumento: “La función de las AFP no es sólo invertir, existe una serie de tantas otras tareas que las AFP deben hacer, tales como recaudación, cobranza judicial, administración y pagos de beneficios, sucursales, gestión comercial, etcétera. Tareas todas que deben ser financiadas”. Es cierto, pero si las comisiones sirven para financiar estas otras actividades (argumento totalmente discutible y que da para otro apartado, ya que son productos distintos), con mayor razón, entonces, deben ser deducidas de la rentabilidad bruta.

A la luz de la evidencia, ¿no resulta caro el sistema, especialmente cuando sabemos que una AFP no se puede diferenciar del resto, ya sea por la camisa de fuerza que impone la legislación o porque no está claro que posea una capacidad superior de análisis y market timing, y que, en equilibrio, su rol es prácticamente nulo en la obtención de rentabilidades anormales, más allá de las que explica el riesgo asumido?

Para los que aún consideran que las comisiones no son relevantes, un último cálculo. Si las comisiones se hubiesen reinvertido, ganando el mismo retorno del ahorro, al final de 39 años, el fondo acumulado sería, en promedio, un 31% superior. ¿Insignificantes comisiones?

 


Finalmente, la comparación con otras alternativas de ahorro, en mi opinión, también es limitada, toda vez que se trata muchas veces de propósitos, riesgos y horizontes de inversión distintos.  Por su parte, para comparar con otros sistemas de pensiones, que pueden presentar estructuras de cobros diferentes, se debe comparar la TIR final del afiliado. Este es el único indicador universal que al considerar tanto la rentabilidad del fondo como las comisiones permite entregar información exacta y hacer comparaciones correctas.

En conclusión, la rentabilidad bruta ha sido uno de los pilares en los que se han centrado las fortalezas del sistema de pensiones. Pero lo que más interesa conocer es la rentabilidad final para el afiliado, la cual brilla por su ausencia. La evidencia después de casi 40 años demuestra que las AFP absorbieron a lo menos 1/3 del retorno bruto vía comisiones.

 

 Iván Rojas Bravo

miércoles, 5 de agosto de 2020

¿Debe ser obligatorio el sistema de capitalización individual? No



Para defender la obligatoriedad del ahorro mediante el sistema capitalización individual, los liberales defensores del modelo plantean que si bien este método coarta la libertad individual, resulta del todo necesario, porque dado que en la práctica no existe la posibilidad real de una libertad plena (donde las personas tendrían que resolver por sí solas el problema de las pensiones, con cero intervención estatal en esta materia), se asume que la capitalización individual resguarda mejor las libertades particulares versus un sistema de reparto, porque respeta la propiedad y dignidad de las personas al asignar esa cuota de responsabilidad individual por su futura pensión, evitando al mismo tiempo que el Estado confisque los fondos con un sistema de reparto.
Si le creemos a Milton Friedman -dicen los liberales-, existen soluciones ideales, pero también soluciones realistas que se acercan a las ideales; el sistema de capitalización individual sería una de estas soluciones realistas aplicada a las pensiones. Una especie de liberalismo “en la medida de lo posible”. Un acomodo de un sistema obligatorio a la libertad que se predica.
En esta, llamémosla así, paradoja de la libertad mediante obligatoriedad, no se considera que una cosa es la obligatoriedad y otra cosa es el sistema de capitalización. Hoy estos conceptos están tan unidos que se cree que uno es parte del otro.
Consideremos lo siguiente:
La pensión básica solidaria (pbs) es un beneficio del Estado para las personas que no han podido obtener una pensión generada “por su propio esfuerzo”. El caso tradicional es que acceden a ella aquellos que tienen cero ahorro, o no lograron acumular en su cuenta de capitalización individual un fondo tal que les permita optar a una renta vitalicia, o cuyo retiro programado se acaba al poco tiempo de pensionarse.
Analicemos tres casos bastante comunes:
·         Caso 1: Pedro acumuló $5 millones en toda su vida laboral, caracterizada por grandes lagunas previsionales producto de desempleo y trabajo informal. No puede optar a una renta vitalicia (ninguna compañía de seguros “lo va pescar”; no es negocio ofrecerle una renta vitalicia mayor que la pbs, por tan poca plata). El camino que le queda, en consecuencia, es un retiro programado en el cual se puede igualar el monto del retiro al monto de una pbs. Los $5 millones le van a durar poco tiempo. ¿Qué hará Pedro cuando se le acabe la plata? La AFP dejará de pagarle, y Pedro puede optar a la pbs (supongamos que reúne los requisitos). Los flujos de caja de Pedro son: ahorró (desembolsó) $X durante toda su vida laboral, los cuales junto a la rentabilidad obtenida por la AFP, le permitieron acumular $5 millones; a cambio obtuvo a favor ingresos mensuales por un monto equivalente a la pbs, pagados por la AFP mientras tenía saldo, y después, recibió ingresos correspondientes a la pbs propiamente tal, pagados por el Estado.

·         Caso 2: Juan acumuló $20 millones en toda su vida laboral (tuvo menos lagunas previsionales que Pedro y empleos un poco mejores). Pero tampoco puede optar a una renta vitalicia, porque también es un cliente poco atractivo para las compañías de seguros; los $20 millones  acumulados no compensan ofrecer una renta vitalicia mayor que la pbs. Al igual que Pedro, debe elegir (nótese el contrasentido a propósito) un retiro programado el cual puede ser ajustado al monto de la pbs. Los $20 millones le van a durar un poco más que Pedro. Sin embargo, también llegará el día en que se le acabará la plata y la AFP dejará de pagarle. Al igual que Pedro, Juan puede optar a la pbs (supongamos que reúne los requisitos). Los flujos de caja de Juan son: ahorró (desembolsó) $Y durante toda su vida laboral, los cuales junto a la rentabilidad del fondo administrado por la AFP, le permitieron acumular $20 millones; a cambio obtuvo a favor ingresos por un monto equivalente a la pbs, pagados por la AFP mientras tenía saldo, y después, ingresos correspondientes a la pbs propiamente tal, pagados por el Estado.

·         Caso 3: Diego acumuló sólo $100.000 en toda su vida laboral, es decir, prácticamente no cotizó. Postuló y obtuvo la pbs.

Como vemos, tanto Pedro, Juan y Diego obtuvieron el mismo resultado, pero con ahorros distintos: Juan ahorró más que Pedro, y Pedro más que Diego. Estos tres casos, bastante comunes, nos demuestran que es posible que ahorros diferentes durante la vida laboral –léase esfuerzos diferentes- resulten en exactamente los mismos flujos de pensiones para ciertas personas, producto del pilar solidario como garante del Estado. Esta es una oscura realidad, pero no debido a lo “injusto” que podría ser el pilar solidario (no es ese el propósito de esta columna), sino porque para el Estado, la situación no le es indiferente: no desembolsa lo mismo en cada caso.
Por paradójico que parezca, dos conclusiones hasta ahora:
·         Conclusión 1: el sistema de capitalización fue una ayuda para el propio Estado, el cual, gracias a los ahorros de personas que acumularon poco -pero acumularon algo-, se evita un desembolso fiscal mayor.
·         Conclusión 2: si el pilar solidario es una especie de mínimo garantizado, la obligatoriedad favorece más al Estado que a los afiliados que acumulan poco, los cuales reciben lo mismo, independiente de lo ahorrado.
Nuestra realidad es que las pensiones, incluyendo el aporte solidario, rondan los $259 mil en promedio ($320 mil en hombres y $192 mil en mujeres), debido a que, por razones diversas y exógenas al modelo, cotizan menos de la mitad de la vida laboral (mujeres cotizan en promedio 15,7 años y los hombres 19,7 años). Es decir, los promedios se mueven en aquella zona en la cual las personas alcanzan a acumular muy poco, y no les permite por sí mismas obtener una pensión significativamente superior a la pbs.
·         Conclusión 3: si se considera que la pbs es una especie de un “mínimo asegurado”, para el afiliado no fue tan buen negocio haber ahorrado 15 ó 20 años efectivos para obtener un bajo monto adicional en exceso a la pbs. El sistema es muy poco atractivo para los que ahorran poco (TIR relevante de flujos de caja).
En nuestros ejemplos, la situación sería radicalmente distinta si los $5 millones acumulados por Pedro y los $20 millones acumulados por Juan, fuesen en su totalidad a complementar una pbs asignada a cada uno. Diego (que no ahorró) recibiría la pbs, Pedro recibiría una pensión algo mayor que la pbs y Juan recibiría una pensión mayor que la de Pedro (porque ambas estarían en función de su aporte). Pero esto no es lo que ocurre hoy.
·         Conclusión 4: incluso si se ahorra poco, la ciudadanía le asignaría mayor valor al sistema de capitalización individual si la totalidad del fondo acumulado fuese a incrementar la pensión mínima. Ésta sería la verdadera característica que resguarda el derecho de propiedad y dignidad de las personas al asignar esa cuota de responsabilidad individual por su futura pensión.
¿Qué tiene que ver todo lo anterior con la paradoja de la libertad mediante obligatoriedad?
Las cuatro conclusiones nos llevan a deducir que es innecesaria la obligatoriedad para garantizar el respeto a la propiedad individual. Y si es innecesario que el sistema de capitalización individual sea obligatorio, también es innecesario impedir que la persona retire fondos cuando lo desee.
Es cierto que una propuesta como la señalada aquí tiene un mayor costo para el Estado. Pero conviene reflexionar que la discusión sobre la pensión “digna” es inevitable, y en ese contexto, la sombra de la muerte acecha al sistema de capitalización individual. Así que hasta quizás hablemos de costo hundido. La verdadera libertad será necesaria, dará legitimidad, permitirá que el sistema de capitalización individual sobreviva en el marco de un sistema mixto, y ahuyentará al fantasma del sistema de reparto.
Pero si los liberales de papel no toman conciencia del paso que hay que dar y siguen con su soberbia, estamos fritos. El propio Milton los reprobaría.  Y si siguen aferrándose sólo a defender el sistema sin considerar cambios reales, capaz que la paradoja sea la libertad en manos de los estatistas.


Iván Rojas B.

lunes, 27 de julio de 2020

Reflexiones para un nuevo sistema de pensiones

https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2020/07/27/reflexiones-para-un-nuevo-sistema-de-pensiones/


El sistema de pensiones chileno es un enfermo que está grave desde hace tiempo. El proyecto del retiro del 10% -aunque no lo vean, ni lo crean, los propios defensores del modelo que votaron en contra- es una oportunidad de oro para dar el primer paso en dar credibilidad a un nuevo modelo de pensiones, en el cual no se eche por la borda el sistema de capitalización individual, pero que sí lo baje del altar en el que se le ha puesto.

La paradoja de la situación actual es que los principales responsables de que el sistema de pensiones esté al borde del precipicio son sus propios defensores, los cuales, debido a una soberbia intelectual, forzaron el debate y lo llevaron –sin querer- desde una arena técnica/social a una netamente social/política.

Diagnóstico

El sistema de pensiones actual tiene tres pilares: un pilar solidario, un pilar de cotización obligatoria administrado por las AFP, y un pilar voluntario. El pilar de la cotización obligatoria, no obstante, es la columna vertebral. Se llegó a endiosar el modelo de pensiones debido a que en su origen solucionó el problema del saco roto del sistema de reparto. Y se cifraron todas las esperanzas en el mercado de capitales: se creyó tan firmemente, casi como un dogma de fe, que bajo ciertos supuestos y parámetros, después de varias décadas la receta ahorro-retornos daría a luz convenientes tasas de reemplazo. Fue tan así que quedaron establecidas -no en papel, sino peor, en el inconsciente colectivo- promesas implícitas.

Y las promesas no se cumplieron. Los defensores salieron en manada a explicar a los ignorantes que las razones (tales como, las lagunas previsionales producto del desempleo e informalidad laboral, los bajos sueldos, el bajo porcentaje de aporte o el escaso ahorro voluntario), no son responsabilidad del sistema de pensiones… Es que al Meche había que echarle bencina. Lo que callaron es que el Meche, aun con estanque de combustible lleno, podría no haber llegado a destino; y cuando se trata de diseñar un sistema de pensiones esto es del todo relevante.

Si la esencia del sistema de pensiones es la cuenta individual que busca retornos en el mercado de capitales, entonces hay que tener claro que la regla básica de ese juego se resume en la doble dimensión riesgo-retorno. Esto lo sabe medio mundo. Se sabe, pero al parecer no se entiende. Si los defensores del modelo captaran realmente las consecuencias de ello, se habrían dado cuenta que todas sus estimaciones de valores futuros esperados, aún con de plena densidad de cotizaciones (desde ya un gran supuesto), al final de cuarenta años, corregidas por riesgo, no son mejores que la opción segura de retorno libre de riesgo; se habrían dado cuenta que el mercado de capitales a veces no perdona y no tiene misericordia, y que al final de cuarenta años, existe alguna probabilidad de terminar con un fondo acumulado menor que haber guardado la plata debajo del colchón.

Se podrá contraargumentar que dicha probabilidad es ínfima; con tal de ganar el valor esperado, vale la pena correr el riesgo. Sin embargo, cuando se quiere diseñar un sistema de pensiones obligatorio, donde se trata de administrar platas ajenas a un gran colectivo de trabajadores, éste debe ser sometido a todas las pruebas de rigor y por sobre todas las cosas contar el cuento completo en forma abierta y transparente al vulgo que no entiende lo que lee.

Otro de los cuentos mal contados, categoría mito incluso en círculos académicos, es que el largo plazo arregla todo, y el retorno compensa cualquier tropezón en el camino. Los defensores omiten un detallito: en el largo plazo, la varianza del retorno acumulado también se amplifica. Así, en el largo plazo, puede que el fondo acumulado esperado aumente, pero también el peor escenario se hace cada vez más adverso. Se reafirma la premisa anteriormente señalada.

Los porfiados defensores también señalan que, en el fondo acumulado, por cada peso aportado por el afiliado, hay tres de rentabilidad, y que eso es un hecho irrefutable (y por tanto, el problema real está en los bajos aportes y las lagunas previsionales). Nuevamente se olvidan los conceptos: si hoy el fondo acumulado es casi todo retorno obtenido, ¡Excelente!, pero preguntemos: ¿y si hubiese terminado en pérdidas? No se le dijo nada exante al afiliado, ninguna advertencia, al contrario, fueron cuentos incompletos; Aún más, a riesgo de ser repetitivo, ese maravilloso retorno que se señala, corregido por riesgo, no le gana a un depósito a plazo. ¿Le dijeron eso a la gente? Recordemos que es exante donde se toman las decisiones y se diseñan los sistemas, porque todos son generales a posteriori de la guerra. Ahora bien, las lagunas y la baja cotización ciertamente son un problema, pero no hay que confundirse, porque esto es adicional, y aún sin estos problemas que no son responsabilidad del sistema de pensiones, el retorno acumulado esperado debe ser analizado con el peor escenario y el escenario de seguridad máxima.

En síntesis, se diseñó un sistema de pensiones obligatorio donde se toman decisiones de platas ajenas y se juega en el mercado de capitales porque se autoconvencieron que vale la pena correr el riesgo para obtener un valor esperado, pero no fueron transparentes con la ciudadanía al contar la historia incompleta. Si se hubiese contado el cuento completo, hoy no estaría hablando de promesas incumplidas. 

Haber diseñado un sistema cuyos resultados corregidos por riesgo no son mejores que una opción segura de estrategia pasiva de inversión, y que además, cuyo peor resultado esperado es obtener un monto acumulado menor que guardar la plata debajo del colchón (tasas reales libres de riesgo cero o incluso negativas), no fue tanta maravilla. No da para el Nobel. Las cosas son lo que son, no lo que pretenden ser.

Y lo peor, defender el sistema de pensiones con tanto fanatismo, donde ahora cualquier hereje que lo critique es menospreciado, le hace el peor favor al mismo, porque mejor sería que aquellos que defienden el sistema primero analicen las limitaciones conceptuales que tiene, quizás así habrían sumado feligreses en vez de opositores.

Para repensar el sistema, los defensores del mismo deben terminar son la soberbia intelectual que los ha caracterizado y reconocer que mientras mayor sea la fama de una obra, tal como la ha      tenido el sistema de pensiones, mayor es la necesidad de escudriñar sus faltas y estar dispuestos a trabajar en base a ello, analizando todas las medidas, por extravagantes (¿populistas?) que parezcan.


Repensando un nuevo sistema de pensiones

A principios del siglo XIX se vendían latas de conservas, que pesaban casi un kilo vacías y no era fácil manipularlas. No se creyó importante crear un instrumento para abrir las latas; cada consumidor se las debía arreglar en casa. En 1850 se consiguió crear un envase más ligero. Y por paradójico que parezca, el abrelatas se inventó en 1870. Con el sistema de pensiones pasa lo mismo: es hora de inventar el abrelatas.

En mi humilde opinión, la única forma de (volver a) darle credibilidad y legitimidad al sistema, será rediseñarlo con cuatro principios rectores fundamentales:

·         Primero: libre albedrío. “¡Libertad, libertad! mis amigos”, eso decía el denominado padre de la creatura. Los defensores del sistema abogan por la libertad en muchos otros aspectos, pero con las pensiones son conservadores y paternalistas.

·         Segundo: seguridad máxima. El diseño debe considerar como escenario central un ambiente seguro, esto es, proyecciones libres de riesgo. El resto será accesorio.

·         Tercero: transparencia total. Señalar sin pelos en la lengua ni frases confusas que, si un afiliado quiere -en las condiciones que más adelante se señalarán- obtener un fondo acumulado esperado X mayor que el fondo acumulado proyectado por el escenario central sin riesgo, debe estar plenamente consciente que también podría perder y terminar con un fondo final menor que haber guardado la plata debajo del colchón. Entonces, como las cuentas claras conservan la amistad, cada afiliado debe saber y entender esta advertencia. Este juego es sin llorar. Es la única forma de no decir frases ambiguas que se interpretan o malinterpretan como promesas. 

·         Cuarto, educación financiera obligatoria en la enseñanza media.

Como sociedad tendremos que previamente zanjar la cuestión: ¿Es la pensión un derecho (adquirido) para los ciudadanos? Esto va más allá de la actual pensión solidaria que garantiza el Estado. Así como están de caldeados los ánimos, bajo la bandera de la pensión digna, se terminará fijando un monto superior. Si personalmente estoy o no de acuerdo con esto, es irrelevante, toda vez que trato de constatar un hecho que desde mi punto de vista es irreversible.

No hay que ser adivino para aventurar que es altamente probable que se establezca una pensión mínima –catalogada de digna-, por un monto mayor a la pensión básica solidaria actual, pero no mucho más, porque será pagada a todo evento con cargo al erario público.

Esa sería la base de todo rediseño del sistema.

¿Cuál sería el nuevo rol del modelo de capitalización individual?  Se debe reconocer que el mercado de capitales no está para solucionar un problema demográfico. Podrá ayudar en forma accesoria… si le va bien, pero nada más, y asumiendo riesgo. Siguiendo los principios rectores, las cuentas individuales deberían ser opcionales para que cada afiliado, mediante un plan de ahorro y descuento por planilla, pueda ahorrar apostando a obtener un retorno esperado según distintas opciones de inversión. Este ahorro será en una AFP o cualquier otra institución financiera calificada. Y el porcentaje de descuento será lo que cada afiliado determine. Si ahorra poco, podrá esperar un poco más adicional a la pensión garantizada. Y con la advertencia clara que puede perder todo o parte de sus ahorros. Si el multifondo elegido o cualquier otra alternativa de inversión le da el palo al gato y se obtiene un buen retorno acumulado... ¡Excelente!; si no es así, mala suerte, bien también.

En relación a cuánto, del ahorro mensual elegido, es de cargo del empleador, se debe tener en cuenta que dicha discusión es bastante artificial. La repartija real no depende de leyes, depende de las elasticidades de oferta y demanda de trabajo. Pero para vestir mejor el santo y que la galería quede contenta, dejemos que el porcentaje elegido por el afiliado se reparta entre él y su empleador en partes iguales.

Finalmente, y como parte fundamental para darle credibilidad y legitimidad al sistema, deberá considerarse el retiro de los fondos cuando el afiliado quiera y por el monto que desee, con o sin pandemia, con o sin enfermedad, con o sin desempleo, con o sin crisis. Libre albedrío, con pleno conocimiento y responsabilidad de sus actos y, sin lloriqueos posteriores.

¿Irresponsable? ¿Qué es más irresponsable: permitir el retiro bajo un esquema bien pensado que contempla una pensión mínima, o haber prometido implícitamente tasas de reemplazo y haber jugado con la ignorancia de la gente? Hoy, con cien millones de fondo - cifra aunque no es la gran cosa, la gran mayoría nunca va a llegar a acumular en su vida-, se puede obtener una pensión estimada de menos de $600 mil... ¿Valió la pena tanta pomada vendida? ¿Acaso no es evidente que el retiro de fondos santifica el sistema? Y dicho sea de paso, corrige también el gran forado de las compañías de seguros quebradas con las rentas cuasi-vitalicias que venden.

No todo aquel que retira fondos, huye o reniega del sistema. En lo personal, reconozco su utilidad, pero no le prendo incienso en su sobrevalorado altar.

Iván Rojas B.


lunes, 20 de julio de 2020

Repensando un nuevo sistema de pensiones… en un lugar de la Mancha (Parte II)



Sancho: Mire vuestra merced, que con la barriga llena ya puedo pensar mejor.

Don Quijote: Ten en cuenta Sancho, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Por tanto, come poco y lento, para que dicho trabajo tenga buen desempeño… ¿En qué parte de la tertulia habíamos quedado?

Sancho: En su propuesta para salir de este embrollo.

Don Quijote: Esta propuesta tiene que ver con lo que yo llamo el síndrome del abrelatas…

Sancho: ¿Cuál es ese síndrome?

Don Quijote: Cuando a principios de la centuria XIX se estableció la primera fábrica de conservas, no se creyó importante crear un instrumento para abrir las latas, faena que se dejaba al arbitrio de cada parroquiano, que debía recurrir a cualquier objeto que tuviera en casa. Imagínate la situación: aquellas primeras latas, vacías, pesaban casi un kilo y no era fácil manipularlas; parecían cajas fuertes. En 1850 se consiguió crear un envase más ligero. Y por paradójico que parezca, el abrelatas fue un artilugio inventado en 1870. Con el sistema de pensiones pasará lo mismo: es hora de inventar el abrelatas.

Sancho: ¿Y en concreto, qué sería eso?

Don Quijote: Como te decía Sancho amigo, mientras mayor sea la fama de una obra, tal como la ha      tenido el sistema de pensiones, mayor es la necesidad de escudriñar sus faltas. Mas ten en cuenta que es mejor corregir que reemplazar por añejas recetas fracasadas. Si acaso pretendes doblar la vara de la justicia, que no sea con el peso de los pecados, sino con el de la misericordia. Porque no todo se debe echar al Gehena; queremos avanzar y no retroceder, aunque la corrección sea dolorosa y el resultado un tanto extravagante.

Como ya te lo señalé, el primer paso será dejar la soberbia y bajar del altar a este limitado semidios llamado sistema de pensiones basado en la búsqueda de retornos en el mercado de capitales. Una de las mayores tentaciones de este dios es implantar en el entendimiento de un hombre la idea de que puede esperar una jugosa recompensa sin desvelo alguno. No obstante, eso que llaman retorno esperado es una hermosa e intrigante mujer, pero  borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, que cabalga una bestia color escarlata llamada riesgo. No dijeron ni pío sobre el peor escenario proyectado al final de cuarenta años y callaron al no haber señalado que no existe dominancia corregida por riesgo. U ocultaron o ignoraron esta información; a esta altura da lo mismo, ambos pecados son graves. Las pérdidas proyectadas al final de cuarenta años quedaron en el olvido.

Sancho: Pero el sistema en esos términos ha sido exitoso, dicen que del fondo acumulado en un plazo largo, por cada peso aportado por el afiliado, hay tres de rentabilidad. Eso es un hecho objetivo. El problema real está en los bajos aportes y las lagunas, es decir, la bencina del meche

Don Quijote: A tu primera observación (que el fondo acumulado es casi todo retorno obtenido puro), yo diría: ¡enhorabuena!, pero preguntaría: ¿y si hubiese terminado en pérdidas? No se le dijo nada exante al afiliado, ninguna advertencia, al contrario, fueron cuentos incompletos; Aún, más, ese maravilloso retorno que tú señalas, corregido por riesgo, no le gana a un depósito a plazo. ¿Te dijeron eso Sancho? Recuerda que es exante donde se toman las decisiones, porque todos son generales a posteriori de la guerra. Entonces, exante y expost, no es tanta la maravilla del sistema de pensiones. Todo esto, aún con estanque de combustible lleno p´al meche. Ahora bien, las lagunas y la baja cotización ciertamente son un problema, pero no te confundas Sancho, porque esto es adicional, y aún sin estos problemas que no son responsabilidad del sistema de pensiones, el retorno acumulado debe ser analizado con el peor escenario y el escenario de seguridad máxima.

Así que retomando la idea que estaba diciendo antes que me interrumpieras, el arrepentimiento requiere de humildad para reconocer que el mercado de capitales no está para solucionar un problema demográfico. Podrá ayudar en forma accesoria… si le va bien, pero nada más, y asumiendo riesgo. Es necesario enfatizar esto, porque un sistema de pensiones no se puede dar el lujo de contar cuentos incompletos y que se mal interpreten. Debe estar sanforizado por todos lados.  Como la pluma es más peligrosa que una espada, lo que queda escrito, ni la muerte lo apaga. Y acá quedaron -no escritas con pluma, sino peor, con palabras melosas– promesas implícitas.  

Sancho: ¿Y será necesario tal arrepentimiento?

Don Quijote: Mucho, porque un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen estas enfermedades. Se toma conciencia que hay que actuar. Una vez apagada la altivez con la pócima de la razón, la humildad permitirá abrir la sesera y darse cuenta que la única forma de (volver a) darle credibilidad y legitimidad al sistema, será rediseñarlo con tres principios rectores fundamentales:

Primero, el libre albedrío. “¡Libertad, libertad! mis amigos”, eso decía el denominado padre de la creatura. Todos aquellos que abogan por la libertad en muchos otros aspectos, mucho más complejos incluso, deben dejar de ser conservadores y paternalistas para con las pensiones.

Segundo, seguridad máxima. Con esto me refiero a que el diseño debe ser en ambiente seguro, esto es, con proyecciones libres de riesgo como escenario central. El resto será accesorio, siguiendo el tercer principio…

Tercero, transparencia total. Esto significa no endiosar al mercado y señalar sin pelos en la lengua ni frases confusas que si un afiliado quiere -en las condiciones que más adelante señalaré- obtener un fondo acumulado esperado X al final de un plazo largo (mayor que el fondo acumulado proyectado por el escenario central sin riesgo), debe estar plenamente consciente que también podría perder plata y terminar con un fondo final menor que haber guardado la plata debajo del colchón. Entonces, como las cuentas claras conservan la amistad, cada afiliado debe saber y entender la advertencia que no hay magia en todo esto, porque la magia es un arte oculta, y por lo tanto, este juego es sin llorar. Así o más claro si es posible, la negligente Autoridad lo debe explicar. Es la única forma de no hacer promesas, o mejor dicho, decir frases ambiguas que se interpretan o malinterpretan como promesas. 

Sólo así se podrá reconquistar el amor de aquella inmensa masa que se encuentra defraudada.

Teniendo en claro estos tres principios rectores,  se debe dilucidar el enigma del derecho…

Sancho: ¿Enigma del derecho?

Don Quijote: ¡Sí señor! Como sociedad tendremos que zanjar la cuestión: ¿Es la pensión un derecho para los ciudadanos? Al igual que la educación, la salud… ¿qué viene después, vivienda? Es decir, no se puede rediseñar un sistema de pensiones recurriendo al auxilio de un, digámosle el semidiós mercado de capitales, sin antes responder dicho enigma instaurado en la arena social-política. Por fortuna las respuestas posibles no son muchas. La respuesta más probable será que sí.

Sancho: Pero ya existe la pensión solidaria que garantiza el Estado, que es un tipo de derecho…

Don Quijote: Así como están de caldeados los ánimos, ingenuo Sancho, me atrevería a apostar mil besos de mi Dulcinea que, bajo la bandera de la pensión digna, se terminará fijando un monto superior. Este año que es abundante en hambruna, alimenta las revueltas y consignas. Los vientos soplan para ese lado, y nada ni nadie va a cambiar esa dirección. ¿Que si estoy o no de acuerdo con eso, probablemente quieras preguntar? Me anticipo y te respondo que eso es irrelevante, porque estoy constatando un hecho que desde mi punto de vista es irreversible.

Lo que estoy señalando es el salvavidas del sistema de capitalización adaptado a esta nueva realidad: dado que es altamente probable que se establezca una pensión mínima –catalogada de digna-, de un monto mayor a la pensión básica solidaria actual (no te ilusiones que será mucho más, porque será pagada a todo evento con cargo al erario público), esa sería la base de todo análisis.

Sancho: ¿Y dónde entra el modelo de capitalización individual?

Don Quijote: Como deberá haber plena transparencia y cuentos completos y bien contados, las cuentas individuales deberían ser opcionales para que cada afiliado, mediante un plan de ahorro y descuento por planilla, pueda ahorrar apostando cual casino a obtener un retorno esperado según sea la oferta de los multifondos. Este ahorro será en una AFP o cualquier otra institución financiera calificada. Y el porcentaje de descuento será lo que el afiliado determine. Si ahorra poco, podrá esperar poco más adicional a la pensión garantizada. Y con la advertencia clara que independiente de lo que ahorre, puede perder. Si el multifondo elegido o cualquier otra alternativa de inversión le da el palo al gato y se obtiene un buen retorno acumulado, excelente; si no se logra poner el cascabel al gato, mala suerte, bien también.

Sancho: ¿Y el empleador no pone nada?

Don Quijote: Bueno, que ponga algo. Me gustaría decirte que esa inquietud es harto artificial, porque importa el porcentaje de descuento total; la repartija no depende de leyes, depende de las elasticidades de oferta y demanda de trabajo. Pero para vestir mejor el santo y que la galería quede contenta, dejemos que el porcentaje elegido por el afiliado se reparta entre él y su empleador. Te concedo ese punto Sancho.

Sancho: ¿Y el retiro de fondos en este esquema?

Don Quijote: Finalmente, y como parte fundamental para darle credibilidad y legitimidad al sistema, deberá considerarse el retiro de los fondos cuando el afiliado quiera y por el monto que desee, con o sin pandemia, con o sin enfermedad, con o sin desempleo, sea invierno o verano, incluso si es año bisiesto. Libre albedrío, con pleno conocimiento y responsabilidad de sus actos y, no olvides, sin lloriqueos. La libertad, Sancho amigo, es uno de las más grandes dádivas que Dios dio al hombre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida.

Sancho: ¡Pero eso sería irresponsable!

Don Quijote: ¿Qué es más irresponsable: permitir el retiro bajo un esquema bien pensado que asegura una pensión mínima, o prometer implícitamente tasas de reemplazo y haber jugado con la ignorancia de la gente? Acusan de populismo, y su soberbia les impide analizar y separar las causas de la solución. ¡Oh ceguera, raíz de infinitos males y tamaña dificultad que enfrentamos! Con cien palos de fondo, cifra aunque no es la gran cosa, la gran mayoría nunca va a llegar a acumular en su vida, se puede obtener una pensión estimada de $600 lucrecias... ¿Valió la pena tanta pomada vendida? ¿Acaso no ven que el retiro de fondos santifica el sistema?

Venturoso aquel que no tiene necesidad de retirar dichos fondos y puede rascarse con sus propias uñas; venturoso aquel que no tiene necesidad de pedir prestado al Estado, aunque sea a tasa cero real. Agradézcaselo al mismo cielo. Mas sábete Sancho que no todo aquel que retira fondos, huye o reniega del sistema. Yo reconozco su utilidad, mas no le prendo incienso en su sobrevalorado altar.


Iván Rojas B.



martes, 14 de julio de 2020

Repensando un nuevo sistema de pensiones… en un lugar de la Mancha (Parte I)



Don Quijote: ¿Has visto, Sancho amigo, tamaña pelotera que ha causado el proyecto del retiro del diez por cien de las aefepés?

Sancho: Sí don Quijote. Sucumbimos al populismo y la demagogia.

Don Quijote: ¿Pero no sabes tú que antes de poner etiquetas y eslóganes, deberías tener el cuadro completo, para que así te permita leer bien las señales? Es lo mínimo que se le exige al escudero de un caballero andante. Para hablar y comer pescado hay que tener mucho cuidado.

Sancho: El cuadro que veo es que se va a desvestir un santo para vestir otro. Y esto será pan para hoy, hambre para mañana.

Don Quijote: ¡Tremenda deducción que has hecho, Sancho, por Dios! Perdona mi ironía, es verdad lo que dices. El trueque de consumo futuro por consumo presente no es una pócima gratuita. Mas lo que has dicho es un resultado matemático, medio obvio por lo demás. Veamos las causas primero, porque en una de esas el retiro de fondos corrige un problema mayor. Como dijo el gran trovador Arjona, vamos aclarando el panorama…

Sancho: ¿Un problema mayor a la crisis?

Don Quijote: Justamente querido Sancho. Porque la sombra de la muerte que se le asomó al sistema de pensiones no fue la pandemia. La plaga –que provocará el retiro voluntario de la décima parte, en caso de ser aprobado- quizás será el empujoncito del sistema al vacío; la estocada de gracia. Mas independiente de ello, el enfermo está grave desde hace tiempo.

Sancho: O sea, de la crisis económica de la pandemia nos pasamos a la crisis del sistema de pensiones…

Don Quijote: Correcto Sancho amigo. Tengamos eso claro para empezar a hablar. Y aquella crisis tiene dos responsables: la soberbia y la ignorancia. Dicha combinación ha sido, y lo sigue siendo, fatal. Es que la mano derecha, por el hecho de escribir las letras y usar mejor la espada, se ha creído más sagaz que la zurda.  

La derecha en general llegó a endiosar el modelo de pensiones, porque cuando nació la creatura, ésta era hermosa y prometedora. Su alimento siempre fue el mercado de capitales. Se creyó tan firmemente, casi como un dogma de la santísima fe, que bajo ciertos supuestos y parámetros, al alcanzar la madurez, la creatura solucionaría el problema de las desfinanciadas pensiones que existía previo a su nacimiento.

Sancho: Pero eso es cierto. Hace poco, el denominado padre de la creatura, la comparó a un Mercedes Benz, de la más grande sofisticación, el cual, combustible mediante, podía llegar a destino.

Don Quijote: No pues señor, eso es casi cierto. Gran diferencia. Y es que ahí entramos a las grietas del sistema, donde la ceguera es del mismo tamaño de la altivez. Si no tienes claros los conceptos, empezamos a construir teorías sin sustento.

Sancho: Que fuertes palabras don Quijote, si la idea era buena.

Don Quijote: Es que a estas alturas, no utilizar franqueza de expresión es una ignominia. Permíteme explicarte mis razones y porqués.

Sancho. Soy todo oídos. Pero ojalá no sea la razón de la sinrazón.

Don Quijote: Ya verás que tengo razón, incrédulo burlón.  Si la columna vertebral del sistema de pensiones es la cuenta individual que busca retornos en el mercado de capitales, entonces hay que tener claro que la regla básica de ese juego se resume en la doble dimensión riesgo-retorno.

Sancho: jajaja, pero don Quijote, eso lo saben todos; hasta yo lo sé, que no soy ningún sabiondo ni intelectual.

Don Quijote: No me interrumpas Sancho. Lo saben pero no lo entienden. Si captaran realmente las consecuencias de ello, se habrían dado cuenta que todas sus estimaciones de valores futuros esperados, aún con de plena densidad de cotizaciones (desde ya un gran supuesto de estanque lleno de combustible, pero por ahora no me acordaré de él), al final de cuarenta años, corregidas por riesgo, no son mejores que la opción segura de retorno libre de riesgo; se habrían dado cuenta que el mercado de capitales a veces no perdona y no tiene misericordia, y que al final de cuarenta años, existe alguna probabilidad de terminar con un fondo acumulado menor que haber guardado la plata debajo del colchón. Dicho sea de paso, el hecho que ocurran crisis cada ciertos años y la destrucción creativa que deja obsoletas a las más admiradas compañías, nos recuerdan la dimensión riesgo del mercado, su lado oscuro.

Sancho: Pero esa probabilidad es ínfima don Quijote. Con tal de ganar el valor esperado, vale la pena correr el riesgo.

Don Quijote: Lo que estoy comentando no es un detallito cuando se quiere de diseñar un sistema de pensiones obligatorio, porque no se trata de una decisión de inversión de un agente individual. Insisto, se trata de diseñar un sistema donde se toman decisiones de platas ajenas, y éste debe ser sometido a todas las pruebas de rigor y por sobre todas las cosas contar el cuento completo en forma abierta y transparente al vulgo que no entiende lo que lee. Y eso ya es un desafío que puede ser, y de hecho lo es, un agravante. Haber diseñado un sistema cuyos resultados corregidos por riesgo no son mejores que una opción segura de estrategia pasiva de inversión, y que además, cuyo peor resultado es un fondo acumulado menor que guardar la plata debajo del colchón (tasas reales libres de riesgo cero o incluso negativas), no fue, perdóname la franqueza Sancho, tanta maravilla. No da para el Nobel. Las cosas son lo que son, no lo que pretenden ser. Y lo peor, defender el sistema con tanto fanatismo, donde ahora cualquier hereje que siquiera hable mal del sistema de pensiones es menospreciado, le hace el peor favor al mismo, porque mejor sería que aquellos que defienden el sistema primero lo bajen del altar, sin darse ínfulas de sabelotodos y pedantes, quizás así habrían sumado feligreses en vez de opositores. La vanidad y la ignorancia fueron la raíz de esta ceguera. Y recuerda Sancho que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Así las cosas, haber llevado el debate, sin querer, a la dimensión política de derecha-izquierda, fue nefasto: los primeros por su arrogancia y miopía y los segundos por no proponer nada, o mejor dicho, por proponer recetas añejas y peores. Ignorancia a la máxima potencia es una crónica de una muerte anunciada para el sistema porque aunque se rechace el proyecto, los perros hambrientos no soltarán la presa que sangra… ya le agarraron el gustito. 

(Después de una pausa reflexiva)

Sancho: El largo plazo arregla todo, y el retorno compensa cualquier tropezón.

Don Quijote: Así lo repiten como loros. Y se lo creen. Para que sepas mi querido Sancho, en el largo plazo, la varianza del retorno acumulado también se amplifica. ¿Te contaron eso Sancho? Apuesto mi Rocinante que no; pregúntales a los hinchados de orgullo qué significa eso y qué implicancias tiene. Te diré solo una cosa: no creas todos esos viejos cuentos a medias y mal contados. En el largo plazo, puede que tu fondo acumulado esperado aumente, pero debes tener la perspicacia y tener plena conciencia que también tu peor escenario se hace cada vez más adverso. Eso no hace más que reafirmar la premisa que te dije antes. ¿Se está dispuesto a diseñar un sistema de pensiones obligatorio y tomar decisiones de platas ajenas para jugar en el mercado de capitales con estas reglas? Si la respuesta es sí (porque, como dices tú, vale la pena correr el riesgo para ganar el valor esperado), entonces contemos el cuento completo. Eso no más digo yo, porque si se hubiese contado el cuento completo, no estarían hablando de promesas incumplidas.  


Sancho: Nadie ha hecho esas promesas. Eso es un mito.

Don Quijote: Ay, mi ingenuo Sancho. Como no estás experimentado en los sucesos del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles. Cuando vendes un ungüento medicinal, hay una promesa implícita. Y tanto se ha repetido desde los años ochenta a la fecha, que está arraigada en el inconsciente colectivo. La gente no lee Sancho; muchos ni entienden lo que leen. Quedó la ofrenda y ahora se pasa la cuenta. ¿Crees que ahora los vas a hacer razonar en base a supuestos y parámetros de las estimaciones? Esa promesa no la va a sacar nadie de la mente de las personas, menos ahora donde se clama por derechos a la orden del día. ¿Acaso has olvidado tú mi promesa de hacerte gobernador de alguna ínsula o reino que ganase a lo largo de estas aventuras?

Sancho: Por supuesto que no la he olvidado…

Don Quijote: Lo mismo pasa con la ciudadanía mi querido Sancho. La palabra empeñada es más fuerte que un papel escrito.

Sancho: ¿Y cómo salimos de este embrollo don Quijote?

Don Quijote: Se debe aprovechar la ocasión para repensar todo el sistema. Te anticipo que no habrá una salida dulce a esta amarga dificultad. Para repensar hay que terminar con la soberbia intelectual de los que se las creen todas y en realidad no saben mucho. Son ellos los que deben sacarse el velo primero y  reconocer las limitaciones de sus dioses y estar dispuestos a trabajar en base a ello, analizando todas las medidas, por populistas que parezcan en una primera lectura. Deben comenzar sabiendo que amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.

Sancho: Otra vez la derecha…

Don Quijote: Porque como decía mi santa madre: “Al que se le da más, se le exige más”.

Sancho: ¿Y los otros?

Don Quijote: Los otros siempre ladrarán, pero hay que dejar que los perros ladren, eso es señal de que avanzamos. No me esperaría otra cosa. Entre zurdos y derechos no pueden durar las amistades, porque la igualdad de pensamiento sirve de eslabón a los corazones; pero entre los zurdos y los derechos no puede haber amistad duradera.

Sancho: Don Quijote, cuénteme lo que usted propone.

Don Quijote: Está bien Sancho…

Sancho: Pero primero pasemos a esta posada a descansar la lengua y alimentar nuestras barrigas. Mire que de tanto hablar y pensar ya me ha dado fatiga. No por nada me apellido Panza…

Proyecto de retiro del 10% de los fondos de las AFP: un engendro


https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/07/10/proyecto-de-retiro-del-10-de-los-fondos-de-las-afp-un-engendro/

Y la Cámara aprobó el proyecto que permitiría retirar el 10% de los fondos de las AFP. Algunos aplauden y otros suspiran. Lamentables ambos, porque los primeros ven en esto un paso para el desplome de un sistema al cual le imputan -justa pero también muy injustamente- la generación de bajas pensiones,  y los segundos porque le prendieron velitas y dotaron de facultades y poderes mágicos al mercado de capitales, y vendieron el sistema de capitalización individual como una solución íntegra, en vez de una “ayuda para la vejez”. Este exceso de marketing ahora les pasó la cuenta; dejaron que las expectativas se dispararan y apagaron el incendio con bencina.

Como sea, un sector político capitalizó este triunfo y cacarea por doquier. A río revuelto, ganancia de pescadores.

Y ahora nos encontramos con este proyecto mal hecho: un retiro de una parte de los fondos, a la chilena. ¿Por qué?  Porque en vez de sentarse a repensar el modelo global y rediseñar un sistema que contemple retiros en base a ciertos parámetros conceptuales generales que se pueden dar ahora, en 10 o 20 años más, nació este engendro para enfrentar la coyuntura. Con este proyecto quedan varias dudas: ¿Por qué el 10% y no otro porcentaje? Porque a algún iluminado se le ocurrió que eso era “razonable”; ¿Y qué pasará cuando venga otra pandemia u otra crisis? ¿Y por qué no abordar el tema de una enfermedad grave? ¿Y debe ser necesariamente para enfrentar una emergencia? ¿Quién determina qué es y qué no es una “emergencia”? Y así tantas otras preguntas que este limitado proyectito no responderá.

En la columna “La tentación del retiro del 10% del fondo de las AFP” (https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2020/07/03/la-tentacion-del-retiro-del-10-del-fondo-de-las-afp/), señalé que sí estoy de acuerdo con retirar una parte de los fondos de la AFP, tanto durante como al final de la vida laboral, sujeto a ciertos parámetros, y con la plena conciencia (léase costo) y libertad de cada afiliado.

Lo que se propone hoy es un retiro voluntario del 10% del fondo acumulado de la cuenta individual, con un máximo de UF150 ($4,3 millones) y un mínimo de UF35 ($1 millón). Si el ahorro acumulado de un afiliado no supera las UF35, podría retirar todo. Como la mayoría de los afiliados ha ahorrado poco (en efecto, el saldo promedio de la cuenta de ahorro individual es $11,4 millones, y el 50% de los afiliados tiene acumulado menos de $4 millones), va a haber muchos casos que la racionalidad económica indicará lo obvio: retirar todo, porque las personas saben que no alcanzarán a ahorrar un monto suficiente que les permita obtener una pensión mayor a la pensión básica solidaria. Resultado: un subsidio de papá Estado, sin costo efectivo para gran parte de los afiliados; más déficit. Este engendro olvidó una premisa esencial: para que el retiro de los fondos tenga una cierta coherencia económica, la decisión debe estar acompañada de un costo de oportunidad.

Sistema de capitalización individual: fuiste una buena idea, pudiste ser grande y admirado, pero te marketearon mal, y los perros hambrientos aprovecharon la oportunidad y no soltaron la presa. Descansa en paz.

Iván Rojas B.

lunes, 6 de julio de 2020

La tentación del retiro del 10% del fondo de las AFP



Recientemente la Corte de Apelaciones de Antofagasta ordenó a una AFP entregar la totalidad de fondos previsionales a una profesora. El debate se ha planteado desde la discusión legal de si el afiliado es –realmente- el dueño de sus fondos y puede disponer de ellos, hasta, en lo concreto, permitir el retiro del 10% del fondo acumulado ante situaciones de crisis extrema global (como la pandemia) o particular (enfermedad terminal grave). En tiempos de crisis, este ahorro siempre será una tentación.

Lo bueno de la discusión es que obliga a pronunciarse por qué sí o por qué no. No hay medias tintas, y eso se agradece. Sin embargo, hasta ahora los argumentos -para ambos lados-, a mi entender, son bastante superficiales y particulares; se echa de menos una mirada global.

El sistema de capitalización individual nació como LA alternativa de reemplazo del sistema de reparto, que fue un saco roto desfinanciado. La característica principal del nuevo sistema es que cada persona tiene una cuenta individual, donde sus fondos son administrados por las AFP, y la pensión obtenida dependerá de los aportes realizados durante la vida laboral y del retorno obtenido del fondo acumulado. La idea fue buena, en el sentido que cada uno ahorraba para algo concreto, cuantificable y propio. Y abordaba, dicho sea de paso, el escenario adverso de la pirámide demográfica invertida.

Según las estimaciones, y bajo ciertos parámetros y supuestos, el nuevo sistema basado en las AFP generaría pensiones con un porcentaje razonable de tasas de reemplazo. Si bien nunca se hizo una promesa directa, así fue (mal) interpretada por la ciudadanía y quedó firmemente arraigada en su inconsciente colectivo. El principal pecado fue contar un cuento incompleto: si se usa un retorno esperado para calcular el fondo acumulado al final de la vida laboral, también se debió contar el peor escenario y  el escenario seguro, en los cuales, el nuevo sistema ya no es LA solución integral, que fue la pomada que se vendió. Si a eso agregamos variables exógenas al modelo, como son la densidad de cotizaciones y lagunas previsionales, era de esperar lo que ocurrió finalmente: paupérrimas pensiones. La realidad superó a la ficción.
El problema es, entonces, adaptando el famoso ejemplo del padre de la creatura, que al Mercedes Benz no basta con sólo echarle bencina. Porque aún con el supuesto de estanque lleno (gran supuesto, por lo demás), “se espera” que llegue a destino, mas no se puede asegurar. Y diseñar un sistema de pensiones en base a la generación de retornos esperados y no en ambiente seguro, es jugar en una ruleta. Es olvidar el Equivalente Cierto en el juego riesgo-retorno.

A lo anterior agreguemos que al momento de jubilar, la opción preferida de los pensionados (rentas vitalicias) sufre de un pequeño problemita, a saber, que se le prometieron pagos que las compañías de seguros no pueden cumplir sin asumir riesgo, y que el balance de éstas  no refleja su real endeudamiento con los pensionados. Se vendió un producto que no es tal: los pensionados entregaron toda su plata acumulada contra recibir pagos con riesgo, sin saberlo; una renta que no es tan vitalicia que digamos. Y que basta solo un tropezón para que todo el sistema caiga. De hecho, ya están técnicamente quebradas.

Con este diagnóstico real del enfermo se debería analizar el retiro de parte del fondo acumulado. Así, el retiro de fondos se puede abordar en dos escenarios: al momento de pensionarse y durante la vida laboral. Pero en ambos, es “sin llorar”. ¡Libertad, libertad, mis amigos!, decía el padre de la creatura…

En el primer escenario, el retiro de los fondos acumulados en la AFP resulta -por paradójico que parezca- en un salvavidas para el sistema de pensiones, porque corrige -dolorosamente, es cierto- en parte significativa la falla estructural que tiene con las rentas vitalicias (que quiéralo o no, son parte del sistema). ¿Qué monto retirar? El monto que exceda la cifra que garantiza la pensión mínima garantizada por el Estado. En un país que supuestamente está “maduro” para discutir el aborto, la eutanasia, la despenalización de ciertas drogas, entre otros temas conflictivos, supongo que también podrá discutir que una persona a los 65 años podrá decidir qué hacer con su plata, sin llorar al papá Estado después, y firmando todos los papeles que haya que firmar.

El segundo escenario -retirar una parte de los fondos durante la vida laboral- tiene complicaciones adicionales. ¿Por qué el 10% del fondo? ¿Bajo qué causales? ¿Quién determinaría dichas causales? ¿Cuántas veces se podrá retirar fondos durante la vida laboral? ¿Cuál sería el tope? Considerando el diagnóstico explicado anteriormente, lo económicamente razonable y en pos de la libertad de las personas, sería permitir en cualquier momento el retiro del monto que excede el valor presente descontado a la tasa libre de riesgo del fondo final que asegura la pensión mínima que garantiza el Estado. ¿Cuántas veces durante la vida laboral? Las veces que quiera, siempre que se cumpla con la condición anterior. Y por supuesto, a libre disposición, haya o no crisis.

Todo esto es coherente con el cuento completo: que el sistema de capitalización individual nunca fue LA solución integral al problema demográfico implícito en las pensiones; el mercado de capitales es una ayuda, por cierto, pero no por ello hay que prenderle velitas.

Iván Rojas B.