https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2026/03/12/ia-y-correcciones-de-valores-en-bolsa-en-chile/
La inteligencia artificial ha pasado de ser una
nueva tecnología que “ayudaba a hacer cosas”, a algo mucho más profundo: un cambio
estructural en la forma de hacer las cosas. Desde el punto de vista económico,
estamos frente a una modificación de la función de producción. Modificación que
tiene tintes de reemplazo.
Este cambio tiene una consecuencia directa y
evidente: hacer un mismo producto o prestar el mismo servicio cuesta menos trabajo,
tiempo y capital físico. En un esquema de pizarrón, la IA desplazó la función
de producción “hacia afuera”, reduce costos marginales, optimiza procesos y
reemplaza tareas que antes eran intensivas en trabajo humano o, en jerga
económica, mano de obra principalmente no calificada. Si los costos de
producción cambian, entonces también cambia el costo de reposición de propia
unidad productiva. Y esto es una variable clave —aunque muchas veces
subestimada u olvidada— en la valorización de empresas.
Toda empresa combina diversos insumos —capital,
trabajo, tecnología y organización— a través de una función de producción para
generar bienes o servicios. Pero la empresa, como unidad económica, también
tiene su propio costo de reposición: cuánto costaría replicar hoy esa misma
empresa utilizando la mejor tecnología disponible.
Este fenómeno es una amenaza particularmente
relevante para las empresas que participan en los sectores de servicios. A
diferencia de industrias intensivas en capital físico, donde existen barreras
de entrada más difíciles de superar, muchos servicios -específicamente financieros,
educación y salud- son altamente susceptibles de ser rediseñados mediante IA.
En estos sectores, la inversión en replicar una empresa desde cero con
tecnología de punta puede ser significativamente menor que el valor implícito
de compañías ya establecidas, especialmente si estas arrastran estructuras de
costos fijos heredadas de un paradigma productivo anterior. Se trata, en definitiva,
mejorar el servicio que se produce, más que clonar la empresa en sí misma.
Es cierto que las empresas pueden adaptarse,
incorporar nuevas tecnologías y ajustar su función de producción. Y lo han
hecho. Sin embargo, esa adaptación, donde lo viejo se “enchula” con lo nuevo, tiene
límites. Integrar IA sobre organizaciones pensadas para otro mundo suele
implicar costos crecientes, rigideces culturales y procesos que no siempre se
pueden reconfigurar sin afectar la operación. La verdadera destrucción creativa
—en el sentido schumpeteriano— no
consiste solo en mejorar lo existente, sino en el reemplazo de compañías que ya
no pueden adaptarse o para las cuales hacerlo resulta demasiado caro en
relación con los beneficios esperados.
En el caso de las empresas que transan en bolsa en
Chile, muchas —dependiendo de la industria— han incorporado nuevas tecnologías
y, en ese sentido, se han “adaptado”. Pero la tarea relevante para
inversionistas y analistas no es solo proyectar flujos inciertos en un Excel
(¿proyectar flujos a 10 años con la misma tecnología?). Implica,
necesariamente, un comentario razonado sobre la amenaza que la destrucción
creativa tiene en la empresa que están analizando y recomendando a sus
clientes. Si hoy se tuviera que crear la empresa desde cero, ¿se diseñaría una
empresa igual a la que existe actualmente para obtener el mismo nivel de
utilidades? ¿O se haría de forma radicalmente distinta, con menos capas
organizacionales, menores costos fijos y un uso intensivo de IA? Dicho de otro
modo: ¿cuánto costaría clonar la empresa actual bajo parámetros de full
tecnología e inteligencia artificial? Y la estocada final es inevitable: ¿es
coherente ese costo de reposición con la capitalización bursátil actual? ¿O
estamos frente a valoraciones que descansan en estructuras productivas que la
IA está erosionando silenciosamente? ¿Justifica la diferencia de valor los
activos intangibles como el valor de la marca, redes, datos, regulación,
relaciones comerciales, o, por el contrario, se anticipan correcciones en el
precio de la acción?
Dada la relevancia del tema y la implicancia que
tiene no solo en la propia empresa involucrada sino también en todos los
agentes inversionistas que poseen acciones y bonos en sus carteras de inversión
(donde destacan las AFP y compañías de seguros que venden rentas vitalicias),
resulta del todo prudente y apropiado que la CMF exija al directorio de todas
las compañías que transan en bolsa que se pronuncie en la memoria de la
compañía respecto de una estimación, aunque sea somera y en línea gruesa, del
costo de reposición de la empresa y de la brecha con la capitalización
bursátil.
Desde una perspectiva social, la IA puede jugar un
rol clave en combatir las imperfecciones de mercado y “emparejar la cancha” al
reducir asimetrías de información, bajar barreras de entrada y facilitar que la
destrucción creativa fluya de manera más rápida y eficiente. Pero también
impone desafíos: la IA abre la posibilidad de crecer con menor empleo, al menos
en ciertos sectores. Este será uno de los mayores retos económicos y sociales
de las próximas décadas.
El crecimiento con bajo dinamismo del empleo, un capital
humano con mayores expectativas de vida activa y los sistemas de ahorro
previsional que no se autofinancian con la inversión en el mercado de capitales
y tensionados por la menor base contributiva debido a la pirámide demográfica
invertida, obligarán a repensar varios pilares del modelo económico: desde la
formación y contribución productiva de dicho capital humano hasta la
tributación y la forma en que se distribuyen los beneficios de la mayor
productividad.
Iván
Rojas B.

