martes, 19 de junio de 2018

Intereses disfrazados que eluden la Tasa Máxima Convencional


http://www.elmostrador.cl/mercados/2018/06/19/intereses-disfrazados-que-eluden-la-tasa-maxima-convencional/


En febrero de 2014, tras analizar algunos contratos y detectar que contenían cláusulas contrarias a la Ley del Consumido, el Sernac interpuso una demanda colectiva contra el Banco de Chile. Hoy, más de cuatro años después, el banco deberá compensar con más de US$30 millones a 140.630 consumidores que se vieron afectados.

¿Qué pasó? Se objetó la conducta respecto del producto “Sobregiro Pactado”, asociado a la cuenta corriente, también parte del “Contrato Unificado de Productos de Personas”. El señalado banco cobró comisiones semestrales y mensuales, que no dieron cuenta de una contraprestación distinta al uso del dinero que se dio en préstamo, por el que ya se pagó interés.

¿Será un caso puntual de intereses vestidos de comisiones? Si lo es, perfecto que se haya corregido; pero si va más allá de un caso puntual, ¿se deberá esperar una demanda colectiva –y 4 años- por cada “caso-institución”? ¿Cuál es el rol de la SBIF, toda vez que este gol lo metió el Sernac y no la institución supuestamente especializada en regular a bancos e instituciones financieras?

¿Habrá sido el actuar del Banco de Chile muy distinto del resto? Estamos hablando de una industria donde sólo 4 instituciones concentran el 59% de los créditos de consumo bancario y no bancario; donde 5 instituciones concentran el 71% de los créditos de consumo bancario y no bancario. En este mercado del crédito con características oligopólicas, se facilita la existencia de imperfecciones, más allá de casos puntuales, que afectan a chilenos que necesitan de la bicicleta financiera para llegar a fin de mes, endeudados 5 veces su ingreso, que destinan un 25% de su ingreso mensual al pago de deudas (a junio de 2017, 31% de los deudores presentaban una carga financiera mayor al 40% del ingreso), y donde el 43% de los deudores tiene ingresos mensuales menores a $500 mil.

En un mercado así, se dan hechos bastante curiosos: tenemos 12 Tasas Máximas Convencionales, supuestamente para proteger a los demandantes de crédito. Como que resulta evidente que al establecer precios máximos en un mercado, la conclusión de primer año de economía sería que algo no funciona bien, en términos de competencia. Competencia real, entendida desde el punto de vista económico y no como los gerentes de los bancos nos la quieren pintar: con agresivas campañas publicitarias para captar clientes.
Entonces, antes de discutir si se debe elevar la Tasa Máxima Convencional (TMC) enarbolando la bandera de recuperar los clientes desbancarizados que han quedado presa del mercado informal del crédito, resulta necesario analizar las distintas imperfecciones de este mercado, porque la TMC es un reflejo de este mercado imperfecto y no la causa.

Y no hay que ser muy creativos. Partamos por aplicar la normativa vigente. La Ley 18.010, Art. 8 señala: “Se tendrá por no escrito todo pacto de intereses que exceda el máximo convencional, y en tal caso los intereses se reducirán al interés corriente”. Si a este artículo agregamos lo establecido en el reciente caso de la demanda colectiva del Sernac contra el Banco de Chile, donde las comisiones cobradas no dieron cuenta de una contraprestación distinta al uso del dinero que se dio en préstamo, por el que ya se pagó interés, entonces cabe preguntarse:

·         ¿Cuánto de las comisiones mensuales y supuestos gastos de administración en cuenta corriente, líneas de crédito, tarjetas y avances en efectivo son en realidad intereses disfrazados?

·         ¿Cuál es el exceso de gasto y comisiones cobradas en relación a los que éstos serían en un modelo de tecnología de punta?

·         ¿Cuál sería la tasa de costo final para el cliente, agregando todos los costos y gastos que van por el lado?

·         ¿Por qué el CAE (Carga Anual equivalente) no incorpora todos los costos y gastos?

·         ¿Qué pasaría si en cada operación de crédito se obligara a entregar la tasa de costo financiero final para el cliente (que insistimos, no es el CAE) y ésta se comparara con la TMC?

·         ¿Qué pasaría si se cierra definitivamente la ventana para eludir la TMC y en vez de aplicar la TMC a la tasa “pura” del crédito, se establece que el costo final para el cliente, sumando todo (interés, comisiones y gastos que se originan producto del crédito) no puede exceder la TMC?

·         ¿Qué pasaría si a todas las instituciones bancarias y casas comerciales que operan como bancos se hiciera el cálculo de la cifra a restituir a los consumidores por los cobros excesivos, de acuerdo al test de la tasa de costo de endeudamiento final a todas sus operaciones de crédito de, digamos, los últimos 5 años, debiendo recalcular los créditos a la tasa de interés corriente y devolver todo el exceso cobrado?

La SBIF ya quedó como chaleco de mono. Esperemos que el nuevo Superintendente, ex hombre de la banca, haga su pega, teniendo en cuenta que ahora no juega en el mismo equipo de sus ex colegas; teniendo en cuenta que ahora debe regular a sus amigos.

Iván Rojas B.

viernes, 15 de junio de 2018

Un país sin Isapres


http://www.elmostrador.cl/mercados/2018/06/04/un-pais-sin-isapres/


Si la reciente propuesta del presidente Piñera relativa a eliminar la discriminación por sexo en los planes de Isapres -donde los hombres pagarán “un poco más” y las mujeres “un poco menos, con el fin de equiparar costos-, se hubiese hecho en el gobierno anterior, los entendidos la habrían despedazado inmediatamente. Es curioso que en un gobierno supuestamente técnico se hagan este tipo de tonterías. ¿Piñericosas?
En los planes diferenciados de salud de las Isapres se confunde, a mi entender, un síntoma (a solucionar, por supuesto) con la causa del problema. Y por lo tanto, las soluciones propuestas son malitas. Marketeras, pero malitas.

Las Isapres son un invento sin mucha racionalidad económica. Pagamos una cuota mensual por un plan de salud, que es función de los ingresos de la persona, lo que de partida tiene muy poco (o nada) que ver con la función de costos del servicio. Una segunda distorsión en la oferta del producto es que a un mismo nivel de ingresos, las personas acceden a planes diferentes –y aquí la discriminación por sexo, entre otras variables- según la tabla de factores que usan las Isapres para fijar el precio de sus planes.

Por su parte, es en la demanda del “producto salud” donde, quiéralo o no, hay diferencias en el uso esperado del servicio entre hombres y mujeres, entre jóvenes y ancianos. Es decir, es más bien la demanda y no la oferta, la que verdaderamente depende de variables como sexo y edad.

¿Sugiere lo anterior que el precio a pagar dependa de variables como sexo y edad? No necesariamente. Salvo especialidades médicas que enfrenten curvas de demandas propias, “separadas” o “independientes” del resto, el precio de una consulta de salud “estándar” no debería depender mucho de la frecuencia con que la persona va al doctor, y en ese sentido, no habría que cobrar diferenciado a una mujer o a un anciano. Si un anciano va al doctor más seguido que un joven, por cierto que su desembolso total será mayor, pero en total (mensual) y no en el costo medio por unidad de servicio.

¿Y qué monos pintan las Isapres? Las Isapres, si sirven de algo, deberían operar como un eficiente seguro de salud. Se podría argumentar que si hacemos una analogía con los seguros de los autos, resulta lógico cobrar más al conductor imprudente, que tiene asociada una mayor probabilidad de siniestro; entonces, también resultaría lógico que un seguro de salud discrimine por tipos de usuarios. Sin  embargo, en el caso actual de las Isapres, el precio del servicio no depende del “comportamiento” de cada persona, sino más bien, de su condición ex ante. En el caso de la salud, la ley de los grandes números se aplicaría a las probabilidades de uso del servicio que distintos perfiles de personas tienen asociados. Las estadísticas deberían ser bastante certeras en asignar estas probabilidades. Entonces, lo que sí se sabría es el uso esperado que cada persona tendría de las distintas atenciones de salud, pero sin impactar necesariamente el precio unitario de una consulta.

Eventualmente, un enfermo (anciano, mujer u hombre) que usa con alta frecuencia el servicio de salud no podría pagar el P*Q total. Como una medida de equidad, se debería hincar el diente en aliviar la carga de este desembolso en el presupuesto familiar. Un razonamiento similar podría aplicarse a los remedios. Aquí está el rol del Estado, a través de subsidios, de asegurar una cobertura mínima de atención.

Lo que se pretende hacer actualmente se parece más a un impuesto encubierto que busca parchar deficiencias de fondo de un sistema que va a seguir funcionando como las berenjenas. Convengamos, eso sí, que las soluciones de mercado no necesariamente solucionan un problema demográfico. Pero si vamos a optar por ellas, partamos por eliminar todas las imperfecciones en este mercado y apuntemos a más competencia, transparencia y correctos precios de transferencias, y ataquemos las barreras de entrada, participaciones cruzadas e integraciones verticales.

Mientras tanto, en el salón de la fama, más de lo mismo: se cree que lo que hay funciona más o menos bien y solo hay que hacer algunos ajustes, en vez de plantearse reformas profundas a la vieja industria. Pero corren otros tiempos. Con el apabullante cambio tecnológico y las nuevas formas de trabajo y de vida en general, capaz que en pocos años las Isapres estén de más y lleguen a ser un penoso recuerdo de una solución de mercado mal implementada que resultó en una transferencia unilateral de utilidades, en cómodas cuotas mensuales. Ni el lobby de grupos de interés podrá parar eso.

Iván Rojas B.

martes, 17 de abril de 2018

¡Es el margen, estúpido!

http://www.elmostrador.cl/mercados/2018/04/17/1248944/

En la industria del Retail, la amenaza –plenamente vigente y creciente- del mundo digital sobre el mundo físico tiene a todos sus ejecutivos en estado “tranquilo-nervioso”. Tratándose de convencer entre ellos, primero, diciendo lo que quieren oír, luego pretenden persuadir a sus feligreses analistas e inversionistas, regalando los oídos con argumentos que desde el punto de vista de análisis económico son bastante simplones. Lo peor de todo, como sugiero en esta columna, argumentos errados que podrían costar caro.

Así, recientemente se ha defendido la rentabilidad de las tiendas físicas frente al proceso de transformación digital. “No porque salga Netflix, la gente va a dejar de ir al cine”, dijo alguien por ahí. Otra: “la gente sigue prefiriendo ser atendida por personas, en lugar de robots… por la misma razón que no invitamos a comer a un robot, porque queremos estar con personas”. Hay que reconocer que las frases son ingeniosas, pero livianitas. ¿Comprarán esos argumentos en los Directorios? Otra más, que por obvia cae de madura: “Las tiendas que permanecen son las que empiezan a entender qué es lo que quiere un cliente cuando va a comprar a una tienda”… ¿En serio?

A la hora de ponerse (un poco más) serios, se plantea que ambos mundos pueden convivir. Por un lado, se está avanzando en perfeccionar la presencia onmicanal y logística, y por otro, se sigue trabajando en enriquecer la experiencia de ir a comprar a la tienda física. Sobre lo que ha ocurrido en EE.UU., se pone paños fríos: el formato de allá no es el mismo que el chileno, en Chile aún estamos atrasados respecto de la penetración de los centros comerciales que posee EE.UU., y que el cierre de tiendas allá se debe a su ejecución mediocre. Es que los gringos no cachan ná.

Se echa de menos, sin embargo, una vuelta de tuerca más. Una tesis con mayor sustento económico.  En esta discusión, EL “problema” central es la destrucción creativa. Esa es la madre del cordero. Su implicancia es, en términos de la teoría económica, el reemplazo de una función de producción obsoleta por una significativamente más eficiente. Yendo a lo concreto, si mi negocio actual enfrenta una alternativa -clara y permanente- cuyos precios pueden ser una fracción de los míos, adiós a los jugosos márgenes; adiós a las rentabilidades actuales. Por mucho que quiera “enriquecer” la experiencia presencial, al final del día es la señal de precios la que en gran medida predomina. Cemento, inventarios, vendedores, personal administrativo y caros caciques por doquier, por mucho que los “amonone”, la tienen cuesta arriba es esta “adaptación”.

Estos márgenes más estrechos impactarán en la nueva forma de operación de los malls actuales. No van a desaparecer; pero ya se habla de grandes centros de reunión social y entretención. O sea, cambió radicalmente el modelo (léase la cuantía, forma y plazos de los flujos de caja) con el cual originalmente fue evaluado el proyecto de inversión. Ese VAN original se esfumó. Adicional a los márgenes más estrechos, la mayor incertidumbre producto de la mayor obsolescencia económica-tecnológica lleva asociado ser mucho más conservadores en proyectar flujos y múltiplos de valoración a los nuevos proyectos. ¿Y si en 5 años más a Google se le ocurre la loca idea de dar créditos de consumo?... hasta aquí no más llegamos. Es tan así la cosa, que la incertidumbre tecnológica ni siquiera podría asegurar la supervivencia de Amazon en unos cuantos años.

Como en el mercado de capitales los agentes anticipan lo que viene, se comparará el valor presente de los nuevos flujos ajustados con el valor en bolsa actual, y se darán cuenta que algunos precios están caros. También se darán cuenta que es perfectamente posible que no se pague la deuda emitida a plazos muy largos, anticipando también dicho efecto. A esta altura deberíamos tomar nota que el pánico, cuando agarra vuelo, no lo para nadie.

Los menores márgenes permanentes (y si varían, el avance tecnológico los hará aún más estrechos, por definición) harán recordar el siguiente axioma económico: un activo no puede valer más que el costo que tiene rehacerlo desde cero  (replicarlo con nueva tecnología). Los Directorios debieran analizar que si la nueva función de producción -sin las actuales estructuras pesadas de costos fijos y a costos variables que son una fracción de los hoy vigentes - no da mucho lugar para “adaptaciones”, sino más bien a “parches”, se podría replicar la empresa, a lo más, invirtiendo un monto equivalente al capital contable. En consecuencia, el precio de la acción de las actuales empresas estaría caro. ¿Qué justificaría, entonces, el actual “premio” en el precio de la acción? ¿La “marca”, la cartera de clientes y/o la gestión? Sería bueno que, ya que su antecesora nunca lo hizo, la nueva CMF le pidiera al Directorio que hiciera una estimación del costo de reposición y explique el premio en bolsa. Que se incluya, también, un comentario sobre las imperfecciones de mercado. Por lo menos como un ejercicio académico.


Alguien dirá que Amazon, por ejemplo, desde su mundo virtual ha puesto una patita en el mundo físico, validando con ello que ambos pueden coexistir. Cuidado, Amazon no está replicando el retail tradicional; debe tener lo mínimo indispensable en estructura física para ser eficiente. Mal que mal, estamos hablando de bienes tangibles en la mayoría de los casos. Y un detallito: el paso del mundo virtual al indispensable mundo físico no es económicamente equivalente al revés. Y eso hace la gran diferencia. Y otra cosa más, ¿quién sabe si en 5 años más, las decisiones actuales de Amazon en el mundo físico no serán una mochila de la cual quiera deshacerse?


En conclusión, no se está diciendo que el retail tradicional vaya a desaparecer. Quizás a la gente le siga gustando ir al mall; de vez en cuando -tomando la ingeniosa frase- ir al cine también es divertido. Pero el precio de la entrada no será el mismo. Eso está claro. No nos confundamos, a la hora de abrir la billetera, por muchos fuegos artificiales que haya, la gente no se pierde. Menos los millenials.



Iván Rojas Bravo

jueves, 1 de marzo de 2018

Multa a Vapores (y otros)… ¿Pasó piola en Chile?




http://www.elmostrador.cl/mercados/2018/03/01/multa-a-vapores-y-otros-paso-piola-en-chile/


Hace pocos días la Comisión Europea (CE) impuso una multa de 395 millones de euros a varias empresas de transporte marítimo, entre ellas, la compañía chilena Vapores (CSAV), por incumplir las normas de competencia de la Unión Europea (UE).
Las empresas en cuestión -CSAV, K Line, MOL y NYK (japonesas), WWL y EUKOR (noruega y sueca)- participaron en un cartel para el traslado marítimo intercontinental de vehículos nuevos, camiones y otros, entre Europa y otros continentes, en el período octubre 2006 y septiembre 2012. La investigación reveló que los gerentes se reunían en sus respectivas oficinas, restaurantes, bares y otros encuentros sociales, además de mantener contacto telefónico, con el fin de coordinar precios, repartirse clientes e intercambiar información "sensible", como los cargos y recargos añadidos a los precios con el objetivo de compensar las fluctuaciones del tipo de cambio o del petróleo.
Resumen: el objetivo fue mantener el cómodo statu quo y “respetar” los negocios tradicionales de cada empresa en determinadas rutas o clientes. Resultado del cartel: afectó a los importadores europeos de vehículos como a los consumidores finales europeos.
Todas las firmas reconocieron su implicación y acordaron resolver el caso. CSAV deberá pagar 7 millones de euros. ¿Qué dijo la compañía? Que la sanción impuesta fue basada en un acuerdo alcanzado con la Comisión y que la multa asignada corresponde al 1,8% del total de las multas; además, "dicha sanción no tendrá efectos en los resultados de la Compañía, al estar ya considerada en la provisión (…) en los estados financieros (…) de 2013 y que fueron informados al mercado (…) ese mismo año". Finalmente, tras señalar que se prestó toda la colaboración en la investigación, la compañía adoptó “prontas y efectivas medidas” para cesar este tipo de conductas.
En los medios escritos, la noticia salió bastante “discreta”. Y, además, en buena fecha. Piola.
¿Caso cerrado? ¿Por qué son las autoridades Estados Unidos y Europa las que logran investigar y sancionar un ilícito, y no las de Chile, a pesar de que las autoridades nacionales tienen un cuerpo legal y herramientas para actuar similares? ¿Acaso en Chile no se vieron perjudicados también los importadores de vehículos y los consumidores finales, tras limitar la competencia y pagar un costo mayor por flete, entre otros cargos? ¿No deberían pagar, entonces, CSAV y los otros, una multa por dicho excedente expropiado en Chile? Ah, se me olvidaba que puede que estos actos estén prescritos.
El caso CSAV no es aislado.
LAN reconoció años atrás ante el regulador antimonopolio americano haber participado en un cartel en la industria de carga internacional. En Estados Unidos pagó casi USD 100 millones. Sí, de dólares, no de pesos. En Chile esta causa se archivó. Posteriormente, LATAM (ex LAN) fue nuevamente investigada por el regulador americano y se obligó ante la SEC y el DOJ a pagar USD 20 millones frente a eventuales irregularidades. Y el numerito del error en la forma de registro del “pago” aquel en argentina, ni a Scorsese se le habría ocurrido…
¿Puede la Comisión para el Mercado Financiero (CMF, ex SVS) lavarse las manos? La transparencia del mercado va más allá de informar en Hechos Esenciales y hacer las respectivas provisiones contables. Se trata, también, de asegurarse que el directorio tome los resguardos respectivos en materia de competencia; se trata, también, de oficiar a las compañías en las cuales de acuerdo a la propia investigación que debería hacer la CMF, existen sospechosas y peligrosas imperfecciones en los mercados en los que operan. En definitiva, se trata de anticiparse a la labor investigativa y sancionatoria de la FNE mediante la prevención, por lo menos en las empresas listadas en bolsa. Una verdadera transparencia y protección a los accionistas e inversionistas en general. Y aquí sí que estamos al debe. Bancos, Retail, Farmacias, Telefonía, Servicios Básicos, Leche, Uva Vinífera… ¿le suena la palabra abuso? Recordemos que en economía la palabra abuso no existe como concepto; sí existe la expresión “imperfecciones del mercado”.
Mientras tanto, parece que seguiremos viendo como Estados Unidos y la Unión Europea hacen la pega, más allá de sus fronteras… cobrando millonarias multas mientras acá los ejecutivos reciben galardones, discursean sobre ética empresarial en Icare, dan sendas entrevistas en el diario regalón, y aparecen en las páginas sociales entregando un cheque a una fundación. Mal que mal, harto burros parece que somos. Parece que vamos a entender a la mala que lo relevante no es que las conductas o contratos sean santificados en Chile; deben –además- serlo fuera de nuestras fronteras. Si una Autoridad o Tribunal chileno desconoce o no quiere ver alguna irregularidad, nada asegura que éstas pasen piola en Estados Unidos o Europa, menos en el mundo actual. Por cierto, creer que la empresa está inmune a ello porque no tiene listada sus acciones o no ha emitido bonos en Nueva York, a esta altura es bastante ingenuo; basta cualquier conexión, por mínima que sea, a un mercado del primer mundo, para que un Pit Bull americano, un Bulldog inglés o un Pastor alemán, metan sus narices. Esos perros agarran y no sueltan.



Iván Rojas B.

lunes, 29 de enero de 2018

Retail actual: ¿Podrá sobrevivir a la Revolución Tecnológica?



http://m.elmostrador.cl/mercados/2018/01/26/retail-actual-podra-sobrevivir-a-la-revolucion-tecnologica/


Existe, a esta altura, una cierta coincidencia respecto de los efectos que la llamada Cuarta Revolución Industrial ha tenido –y sobretodo, tendrá- en el comportamiento social. Es tal el grado en cómo la Revolución Tecnológica ha afectado la vidas de las personas que, por ejemplo, es un pilar esencial en la estrategia de las empresas, entre las que se destaca el retail tradicional.

Las inversiones de los retailers están robusteciendo su presencia omnicanal, con gran despliegue de inteligencia artificial y logística, con el fin de adaptarse a este cambio, que incluye la amenaza de peces gordos de nivel mundial. Se piensa, a juzgar por las declaraciones de los ejecutivos, que tal amenaza sería, en cierto modo, “manejable”. Incluso más, se minimiza o habría una exagerada tranquilidad. Un ejemplo: ante la evidencia de que en EE.UU. hay menos malls, la respuesta conjunta es que en Chile aún estamos atrasados respecto de la penetración de los centros comerciales que posee EE.UU. y, además, los centros comerciales en Chile tienen formatos diferentes y están ubicados en forma más integrada con la población. Resumen, habría un aaamplio margen todavía en Chile para crecer.

¿Y si no es así? ¿Y si este es el caso en que el retail como lo conocemos hoy tiene fecha de vencimiento? Quizás no existe parámetro histórico para comparar la magnitud del cambio que esta revolución –en pleno desarrollo- ha tenido/tendrá en la sociedad. Si nos atrevemos a compararla con el efecto que tuvo el automóvil en la industria de las carretas, la conclusión sería alarmante. No habría parche que solucione un problema mayúsculo. No se trataría de un problema de “adaptación”.
El “problema” de esta destrucción creativa es, en términos de la teoría económica, el reemplazo de la función de producción. Es decir, la forma de la operación del retail tradicional quedaría obsoleta, no susceptible de ser parchada: ¿Amalgama entre tecnología en sus diferentes ámbitos con altísimos costos fijos que tiene el modelo presencial? ¿Quién va a replicar un retail tradicional e invertir hasta miles de millones de dólares (valor libro de varios) en bloques de cemento, decenas de tiendas, personal administrativo y vendedores? ¿Quién va a invertir en carretas?

Ante un futuro del retail, a lo menos, incierto, debería hacernos pensar en los siguientes puntos. Puntos en los cuales, al parecer, hasta ahora no forman parte del análisis convencional:

Primero: Ciclo de vida de las empresas y valoración de empresas. Ninguna empresa está inmune a la revolución tecnológica que estamos viviendo. Ni siquiera se puede asegurar si estarán vivas las actuales empresas triple A en 5 ó 10 años más. Por lo tanto, el ciclo de vida de las empresas se redujo dramáticamente y, por supuesto, también el horizonte de estimación de flujos de la empresa y los múltiplos de valorización utilizados (¿perpetuidad final? Cero).

Segundo: Costo de Reposición y valoración de empresas. ¿Cuánto cuesta rehacer desde cero una empresa con nuevas tecnologías y entregar el mismo o incluso mejor servicio? Si la nueva función de producción -sin las actuales estructuras pesadas de costos fijos y a costos variables que son una fracción de los hoy vigentes - no da lugar para “adaptaciones”, se podría replicar la empresa, a lo más, invirtiendo un monto equivalente al capital contable. En consecuencia, el precio de la acción de las actuales empresas estaría caro. ¿Qué justificaría el excesivo precio de la acción? ¿La “marca”, la cartera de clientes y/o la gestión? ¿O será “aire”, ceguera, poca competencia efectiva, o combinación de todas las anteriores?

Tercero: Plazo de deuda. Consecuencia de los dos puntos anteriores, la emisión de deuda pública a plazos muy largos debería ser una alerta. ¿Se están evaluando bien los riesgos al emitir bonos a más de 10 años? No me refiero al emisor; el problema es para los que compran estos bonos que rinden tasas muy discretas, con platas de otros (AFP y Compañías de Seguros de Vida); el problema es para quienes permiten que se emitan estos bonos a plazos que en este mundo vertiginoso son de muy muy largo plazo.

Cuarto: ¿Seguirán habiendo malls? Sí, pero no a las rentas actuales. La readaptación de los malls actuales (ya se habla de grandes centros de reunión social) tendrá como resultado márgenes más estrechos. Y márgenes más estrechos junto con múltiplos de valoración más conservadores producto de la mayor obsolescencia económica-tecnológica da como resultado una valor de empresa mucho menor al actual. ¿Se seguirán construyendo malls? Algunos siguieron construyendo carretas cuando apareció el automóvil…

Quinto: Retail puro. Sabemos que el retail puro margina poco. La verdadera fuente de ingresos está en el negocio financiero. Los márgenes del retail serán aún más estrechos. ¿Pérdidas subsidiadas por el negocio financiero? En un escenario sin tantas imperfecciones de mercado, el veranito de San Juan podría durar poco.

Si este relato tiene alguna probabilidad de ocurrir, revise y ajuste sus proyecciones e inversiones.


Iván Rojas B.

martes, 24 de octubre de 2017

Fondo de Pensiones: la Falacia de la Diversificación







http://www.elmostrador.cl/mercados/2017/10/24/fondo-de-pensiones-la-falacia-de-la-diversificacion/


En finanzas, la diversificación es un principio básico en la administración de carteras de inversión. Al inversionista le importa el retorno esperado y el riesgo de su portfolio de inversión como un todo, más que el retorno y riesgo de un activo financiero en particular. La diversificación ocurre cuando al tener activos con retornos esperados no correlacionados en forma perfecta directa (coeficiente de correlación distinto de +1), el riesgo de la cartera es menor que el promedio ponderado de los riesgos de los activos individuales. Mientras menor sea la correlación, o incluso sea negativa (deseable), mayor será el grado de diversificación: la teoría financiera indicaría el porcentaje a invertir en los diferentes activos de tal manera que el portfolio de inversiones tenga el riesgo mínimo, estableciendo una frontera eficiente de riesgo-retorno.

Las AFP son particularmente grandes inversionistas que administran portfolios de acuerdo al marco regulatorio establecido. Y en el contexto de mejorar la gestión de estos fondos de pensiones, un cambio en la normativa apunta a permitir que las AFP inviertan en activos llamados “alternativos” (tales como capital privado y deuda privada extranjera, inversiones inmobiliarias y de infraestructura) con el fin de “optimizar más” la relación riesgo retorno.

Muchos han prendido incienso desmedido en el altar de la diversificación. Argumentan que el hecho de incorporar más activos al radar de los inversionistas –activos que probablemente tengan una baja correlación con los actuales disponibles, o incluso correlación negativa, si son extranjeros- permitirá mejorar el retorno esperado para un mismo nivel de riesgo asumido.

Conviene recordar que, en presencia de un activo libre de riesgo, todos los inversionistas, independiente de su grado de aversión al riesgo, repartirán su inversión entre el activo libre de riesgo y un portfolio específico M (de mercado, que es un portfolio específico de la frontera eficiente de riesgo-retorno). Es decir, sus decisiones de inversión ya no serán en la frontera, sino más bien, en la recta (que es tangente a la frontera) que une el activo libre de riesgo y el portfolio M. Agentes más conservadores estarán más cerca del activo libre de riesgo (origen), mientras que agentes con mayor apetito por retorno, estarán más alejados, pero siempre todos permanecerán en algún punto de esta recta llamada Línea del Mercado de Capitales (LMC).

¿Qué tiene que ver esto con la autorización para invertir en activos alternativos? Mucho. Es correcto afirmar que al agregar nuevos activos, aumenta la pendiente de la recta LMC (porque la frontera eficiente se “desplaza” y, en consecuencia, el portfolio tangente M cambia), lo que quiere decir que para el mismo nivel de riesgo anterior, existe una posibilidad de mayor retorno esperado. Pero, al menos, se deberían considerar los siguientes elementos adicionales, para no endiosar tanto a la diversificación:

Primero, el origen de la LMC -el activo libre de riesgo- no ha cambiado con la regulación. Por lo tanto, el mayor retorno esperado que ofrezca la nueva LMC (que incluye los nuevos activos alternativos) versus la antigua LMC es una aparente mejoría. ¿Por qué aparente? Porque corregido por riesgo ningún portfolio (cualquier punto en la LMC) domina al activo libre de riesgo. Aquí cabe destacar un “detallito”: se trata de retornos esperados, ex ante, cuyo peor escenario (que tiene alguna probabilidad) es un retorno mucho más bajo (¿pérdidas?) que haber invertido en el activo libre de riesgo. Si lo anterior no fuera verdad, nadie invertiría en el activo libre de riesgo, y eso no es lo que se ve.

Segundo, ya que estamos hablando de incorporar activos alternativos, ¿por qué no incorporar, también, los activos más seguros del mundo? En un mundo globalizado, no habría razón para que los bonos del tesoro de Estados Unidos o bonos alemanes también estén en el mapa de los inversionistas. Pero esto tendría otro efecto en la LMC: cambiaría el origen de la recta hacia una tasa cero o incluso negativa. Por supuesto que una alternativa así no es atractiva en retornos, pero el mero hecho que exista (que esté disponible) establece que el piso de comparación relevante ha caído; piso del cual es imposible escapar.

La falacia de la diversificación quizás nos entregue mejoras en el retorno esperado, pero lo que no podrá hacer es magia. No existirían las verdaderas opciones de obtener permanentemente excesos de retornos ajustados por riesgo en relación a la alternativa más segura.

En el caso de los fondos de pensiones, está demostrado[1] que las AFP no tienen capacidad superior de análisis ni market timing, es decir, capacidad para predecir la evolución de los precios de los activos y anticiparse para obtener ganancias. El mayor retorno obtenido por un multifondo sólo paga el mayor riesgo asumido, y en ese sentido, ningún multifondo es mejor que otro; incluso más, ningún multifondo sería mejor que la alternativa más segura… aunque se agreguen todos los activos alternativos habidos y por haber.

Finalmente, si se quiere “impulsar la productividad”, expresión que usa la propia Superintendencia de Pensiones, contemos el cuento completo: es posible tener un retorno esperado mayor, pero el riesgo es inevitable, y éste aumenta a mayor plazo, por lo que existe alguna probabilidad de terminar mal a la hora de jubilar, terminar peor que la alternativa más segura. Tratándose del diseño de un sistema de pensiones, tan cuestionado por estos tiempos, no creo que la ciudadanía acepte sólo disculpas públicas por este eventual mal desempeño al amparo de jugar con los retornos esperados. Si en ambiente seguro, el ahorro mensual del afiliado “no da” para obtener tasas de reemplazo aceptables, ya es hora de sincerarlo.



Iván Rojas Bravo





[1] Libro “La Magia del Sistema de Pensiones” (2015), de mi autoría. Libro digital disponible gratis.

martes, 10 de octubre de 2017

Caso Falabella: ¿Dónde está el queso? II




A raíz de mi última columna (“Caso venta BBVA: la historia de un mercado imperfecto que no le permitió competir de igual a igual) y del artículo posterior de El Mostrador (“Banco y tarjeta, la mina de oro del grupo Falabella que silenciosamente se ha convertido en el mejor negocio de los Solari”), me permito entregar antecedentes adicionales que creo que pueden ser de interés.
Si consideramos sólo las utilidades generadas en Chile -país donde tiene ampliamente desarrollado su negocio financiero, siendo el modelo “copy-paste” en la región-, el Holding Falabella ganó USD 723,7 millones en 2016; sin el negocio inmobiliario, las utilidades en Chile fueron USD 461 millones.

¿Cuánto de las utilidades en Chile fueron generadas por las tiendas por departamento? Respuesta: sólo USD 68,6 millones, menos del 10%.

¿Cuánto de las utilidades en Chile fueron generadas por supermercados? Respuesta: sólo USD 11,1 millones, ¡un 1,5%!
Por otra parte, ¿Cuánto de estas utilidades fueron generadas por Banco Falabella y CMR? Respuesta: USD 81,8 millones el banco y USD 183,2 millones CMR. Una primera conclusión ineludible es que el negocio financiero (Banco + CMR), generó utilidades por  USD 265 millones, MÁS DEL TRIPLE de las utilidades de las tienda por departamento + supermercados. Sí, más del triple.

¿Quiere incorporar el negocio de mejoramiento del hogar? Las utilidades por  USD 265 del negocio financiero son un 35% superiores que las utilidades de tienda por departamento + supermercados + mejoramiento del hogar.
Entonces, ¿Quién apoya a quién? ¿El negocio bancario apoya al retail o al revés? Comenzar sincerando esto es el primer paso para un correcto análisis, que apuntaría precisamente a determinar si la “exitosa” estrategia corporativa de Falabella, que extrae lo mejor de dos mundos (retail y financiero), tiene validez en un escenario con condiciones de equilibrio de mayor competencia dentro de un mundo globalizado, de efectiva regulación y control, de mayor obsolescencia producto de una acelerada destrucción creativa y dentro de una sociedad con mayor poder de opinión, organización y acción, que demanda condiciones justas de convivencia, en el amplio sentido de la palabra.

Dicho lo anterior, resultan a lo menos curiosas algunas declaraciones que rescata el artículo de El Mostrador citado al principio.

En Falabella “aseveran que no hacen venta de productos cruzados, sino simplemente, una vez que los clientes toman un producto, luego le hacen ofertas donde lo invitan a acceder a esas oportunidades de financiamiento y deuda”. Curiosa “invitación”. La diferencia entre venta conjunta y venta atada es bien sutil. La Ley 20.555 se refiere a venta atada, como aquella operación en que, para la adquisición de un determinado producto o servicio financiero, se exige la contratación de otros productos o servicios de manera imperativa. Es decir, se condiciona la venta de un producto a que el consumidor compre otro producto o servicio. La venta conjunta ocurre cuando dos bienes se venden en forma separada, pero hay un descuento si se compran juntos, sin imponer o condicionar la contratación de uno u otro. Cuando dos productos se ofrecen en forma conjunta con un descuento tal que a nadie le convenga comprar sólo uno de ellos, esto se transforma en venta atada.

¿Cómo calificaría usted la siguiente publicidad del 23/09/2017, publicada a página completa en un diario? ¿Sería venta atada o conjunta?: Notebook Lenovo modelo 310-15ISK, precio normal $699.990, OPORTUNIDAD ÚNICA CON CMR $399.990. Ahorro $300.000 (42%). ¿Quién elegiría comprar y pagar $699.990 con la tarjeta del banco de Chile, Santander o cualquier otro banco? ¿Cómo compite el Chile y Santander con eso? Claramente la opción de $399.990 restringe los medios de pago a aquellos administrados por una empresa relacionada; no se trata solamente de un simple descuento o beneficio adicional.

La venta atada puede ser usada en forma exitosa y rentable para reducir la competencia a través de excluir a competidores en un mercado. ¿Qué ocurre con el pequeño comerciante que no tiene medio de pago propio? Incluso los bancos (que dicho sea de paso, no son santos de mi devoción), están en desventaja. El propio ejecutivo de Falabella lo dice sin pelos en la lengua: “La mitad de las sucursales está en las tiendas”. ¿Por qué no puede el banco de Chile o Santander tener una oficina en la tienda Falabella también? ¿Porque no quieren? Dicha “ventaja” de aprovechar a los clientes que andan paseando en la tienda, le permite ofrecer el producto estrella: el crédito, porque sabemos que gana poco en la venta de zapatos y camisas y casi nada en supermercados.

Otra cita: “Desde Falabella detallan que el éxito está en el foco del negocio y la estrategia seguida para aprovechar las ventajas de la marca”, junto con un manejo eficiente de los medios, logrando un buen posicionamiento con sus clientes. Efectivamente, de eso se trata la discusión. Lo curioso es que se crea que dicha estrategia es válida para ser replicada en la región, sin cuestionarse el por qué es posible generar dichos retornos o si serían anormales en ambiente de real competencia.

El caso de las ventas atadas es solo una arista en este mercado imperfecto. Costo efectivo del crédito, correctos precios de transferencia entre empresas relacionadas, financiamiento entre empresas relacionadas, utilización del mercado de capitales, entre otros, son factores a considerar en un verdadero test de competencia, donde los argumentos sean analizados independiente de quién haya sido el emisario, y no caer en barato recurso de la falacia ad hominem.

La guinda de la torta es, quizás, cuando el ejecutivo de Falabella señala que “el giro único en la banca se refiere a la empresa o unidad productiva, no a las actividades del dueño”.  Pongamos un ejemplo: el dueño de una empresa eléctrica quiere aprovechar su infraestructura y base de datos de clientes y crear otra empresa que ofrezca créditos en la cuenta de la luz, incluso permitirá pagar la cuenta de la luz en cuotas si el cliente quiere. Optimizaría costos estableciendo sucursales de su banco en las mismas oficinas de atención a clientes “de la cuenta de la luz”.  ¿Qué dirían las Autoridades? ¿Qué dirían los bancos? ¿Qué diría el propio Falabella si ocurriera una situación así? ¿Acaso no sería esto una forma sutil de bypasear el giro único, aunque legalmente, por cierto, se cumpla con todo el papeleo que se requiere? Pero a juzgar por las declaraciones del ejecutivo de Falabella, no habría problema.
Claramente aquí hay un error de composición. Para ser justos, no es sólo Falabella el que sacaría ventaja de mercados imperfectos, pero es el principal actor que pone la música que se baila en una fiesta donde reina la información insuficiente y el analfabetismo financiero. Por otra parte, la culpa no es –sólo- del chancho, sino del que le da el afrecho: una mala aplicación de la legislación existente y escasa regulación han fomentado mercados imperfectos. ¿Quién paga el pato? Los consumidores.
Finalmente, resulta curioso que Falabella acuse el golpe por la mayor competencia por las compras en el extranjero vía internet, señalando competencia desleal mediante levantar la bandera de los impuestos. Tema que deberá ser solucionado, pero no hay olvidar que ha traído grandes beneficios a los consumidores. Y, además, es imparable. ¿Qué pasará cuando Google o Facebook creen un banco?

Iván Rojas B.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Caso BBVA: ¿Dónde está el Queso?





http://www.elmostrador.cl/mercados/2017/09/07/caso-venta-bbva-donde-esta-el-queso/

Los controladores del banco BBVA decidieron vender su operación en Chile. ¿La razón? Se dice que el banco no pudo lograr su ambición de estar entre los líderes y nunca estuvo satisfecho con su participación de mercado, la cual es muy difícil de aumentar si no es por medio de adquisiciones. Se dice, también, que el mercado chileno es muy competitivo, probablemente impactados engañosamente por las agresivas campañas de amplio marketing para captar clientes en un mercado de relativa alta bancarización. Pero la competencia como concepto económico es otra cosa, y -tal como pretende plantear como hipótesis esta columna- quizás sea esta la razón de peso del adiós: un mercado imperfecto que no le permitió al BBVA competir de igual a igual.

El año pasado, el BBVA alcanzó colocaciones de USD 13.849 millones (6,6% de participación) y logró utilidades de USD 120,3 millones (6° lugar en ambas), obteniendo un Retorno sobre el Patrimonio (ROE) de 10,11%. Nada mal per sé, en términos de escala y resultados absolutos.

Lo habitual es comparar al BBVA con los grandes: los cuatro grandes del sistema -Banco Santander, Banco de Chile, BancoEstado y BCI- tienen participaciones de mercado (en colocaciones) de 19,4%, 18,5%, 14% y 13,3%, respectivamente, sumando un 65,2% del mercado, lograron utilidades de USD 709, 825, 239 y 508 millones, y obtuvieron un ROE de 16,9%, 19,6%, 10,37% y 14,5%, respectivamente. El análisis aquí, será, determinar la estrategia de estos bancos -que tienen una escala que es entre 2 y 3 veces el BBVA- que explica el diferencial de retorno sobre el patrimonio. Este estudio se lo dejamos a los analistas de la plaza.

Lo no habitual es comparar al BBVA con los pequeños, y específicamente con uno que parece pequeño, pero que fue el campeón de la banca en 2016: Banco Falabella (BF). BF tuvo un ROE de 27,3%, esto es 2,4 veces el promedio del sistema. No hay nadie como él en el mercado. Entonces, la pregunta relevante debería ser: ¿cómo fue posible que Banco Falabella, que tiene sólo un 1,1% de participación de mercado, obtuviese utilidades que equivalen al 68% de las utilidades del BBVA, siendo que éste último es 6 veces más grande en colocaciones? Respuesta: por su estrategia. Así, no le sirvió de mucho al BBVA ser 37 veces más grande que BF en colocaciones comerciales, u 8 veces más grande en colocaciones hipotecarias, cuando en créditos de consumo, que es donde está el queso, las colocaciones del BBVA son sólo un 10% más que las de BF.

Si lo anterior parece asombroso, consideremos ahora CMR, que enfatiza más el punto. La utilidad fue USD 183 millones en 2016, ¡Un 52% superior a las del BBVA, y con colocaciones que equivalen a solo un 14% de las del BBVA! Así, las utilidades conjuntas de CMR Falabella + Banco Falabella, de USD 265 millones, son más del doble de las del BBVA, a pesar de que el BBVA es más de tres veces más grande en colocaciones. La diferencia en eficiencia se explica principalmente por la diferencia en ingresos (léase, intereses, comisiones y otros cobros) más que el manejo óptimo en los gastos de apoyo. Por las dudas, repetimos, ahí está el queso.

Para ser justos con el BBVA, la paliza es también para los grandes. ¿Cómo es posible que el Banco Falabella les dé una goleada a equipos de elite, viejos zorros del sistema que se las saben por libro?

Parece ser que ni el Banco de Chile, ni el Santander, ni el BCI, ni BBVA, ni ninguno, han captado que el BF tiene una especial sociedad de apoyo al giro bancario: la tienda de retail. Es gracias a la venta de zapatos y camisas que BF logra tener un producto conjunto que el resto no puede replicar. ¿Sabía usted que las utilidades del negocio del retail puro son mínimas en comparación con las que deja el negocio financiero? Repetimos: ahí está el queso; es la tienda de retail la que apoya el negocio financiero y no al revés. Y los bancos ciertamente están en desventaja. Lo curioso es que ni siquiera alegan sobre el giro único de los bancos.

Es lamentable cuando un jugador como BBVA se va y no es reemplazado por uno nuevo; más concentración en un mercado imperfecto, donde a) no se calcula correctamente el costo anual de los créditos, b) el CAE no incorpora todos los costos y gastos asociados a un crédito, c) se fija una Tasa Máxima Convencional en función de un techo de 50% por sobre lo que cobraron los mismos bancos el período pasado, d) existen cobros unilaterales, cláusulas abusivas y cobros mensuales y semestrales que no dan cuenta de una contraprestación distinta al uso del dinero que se da en préstamo, por el que ya se cobró interés, e) donde ventas atadas se disfrazan de ventas conjuntas, f) donde tan altas rentabilidades -que en pocos años recuperan todo el capital invertido y curiosamente no logran atraer nuevos entrantes- son tan elogiadas por los analistas y no estudiadas como una señal de que por lo menos algo pasa, g) donde hasta profesionales demuestran analfabetismo financiero, y h) donde la legislación permite cobrar por el lado y exceder la tasa Máxima Convencional. En definitiva, un mercado donde las distintas instituciones que regulan brillan por su ausencia.



Iván Rojas B.

martes, 1 de agosto de 2017

En Til Til lo mataron






http://www.elmostrador.cl/mercados/2017/08/01/en-til-til-lo-mataron/

Es entendible la indignación de los tiltilanos por la reciente decisión del comité de ministros que aprobó unánimemente dar luz verde al Centro Integral de Gestión de Residuos Industriales (Cigri) en su comuna. Al final del día nadie quiere que le metan basura en su patio trasero, menos si es ajena. ¿Se indigna usted cuando un perro deja un aromático recuerdo en su jardín?

Si bien se ha señalado por parte del ministro de Medio Ambiente, que “este proyecto se hace cargo de sus impactos ambientales, los mide, los mitiga y los compensa”, la pregunta que surge es ¿por qué Til Til y no Las Condes, Paine, Colina o Lo Barnechea? ¿Por qué a Til Til lo cagaron?

Ninguna comuna desea tener un vertedero, sin embargo, genera basura. Lo “ideal” sería que el vertedero quedara fuera de su comuna, pero no tan lejos, dado los costos de recolección y transporte de la basura, por un lado, y el ahorro de los costos de tener un vertedero. La localización de un vertedero, entonces, supone una “negociación” entre los municipios, donde no está claro que todos tienen igualdad de poder. Como una mesa de ese tipo daría pie a una discusión bizantina, se entiende, se supone o se espera que la decisión de la cantidad de vertederos y su localización la tome un organismo central, teniendo en cuenta a lo menos los siguientes tres puntos:

1.       Cantidad generada de basura (¿1 kg al día per cápita?), tipo de basura y perspectivas de acuerdo al nivel de desarrollo del país, tecnologías de tratamiento de residuos y cambios de hábitos.

2.       Costos de recolección, transporte y tratamiento de la basura.

3.       Costos monetarios y no monetarios que produce un vertedero en la población.

Cada comuna debería tener la obligación de hacerse cargo de su propia basura; y sus vecinos deberían pagar por ello (de hecho se hace, en parte). Una comuna de mayores recursos, una comuna ubicada en el centro de la ciudad o una comuna que simplemente no tiene espacio físico para un vertedero o los terrenos disponibles son muy caros (costo alternativo), deberían pagar a una comuna más pobre o a una comuna con terrenos disponibles o con bajo costo alternativo, todos los costos que correspondan.

Está claro que la basura es un mal, una externalidad negativa de las ciudades. Pero teniendo en cuenta las premisas anteriores, por lo menos se garantiza que el manejo de este mal no sea tan discrecional. Se echa de menos una discusión en esta línea.

 

Iván Rojas B.

viernes, 5 de mayo de 2017

Un sofisticado y peligroso cartel






En cosechas de uva viníferas de temporadas anteriores, medios supuestamente especializados hablaban de la catástrofe que produciría una sobreproducción de uva (que es irrelevante en el contexto mundial, tratándose de un bien transable), justificando así -o mejor dicho santificando- los bajos precios fijados y pagados por este insumo vital por parte de los grandes productores de vino. Hoy, por el contrario, la importante caída en la oferta chilena de uva vinífera ni siquiera es tema. “No se oye padre”, diría mi madre. Para qué hablar de mencionar siquiera la paridad de los precios internacionales, que es la variable económica más importante. ¿No será acaso parte de una “exitosa” estrategia comunicacional por parte de un cartel en período previo a la fijación unilateral final de precios?

 Nótese que hablamos de proceso de fijación de precios, lo cual ya es raro, porque debería ser más bien una negociación si se tratara de un mercado competitivo. Pero no; y hoy, dicho proceso de fijación unilateral se encuentra en la última etapa.

 Resulta, por lo tanto,  conveniente -¡y urgente!- considerar los siguientes elementos en los análisis del mercado del vino, uno de los productos más transable del agro chileno. Como ente rector, un axioma económico que nunca se debería perder de vista es el siguiente: tratándose de un bien transable y de oferentes cuya sobre o sub producción es irrelevante a nivel mundial, el precio local debería ser coherente con la paridad de exportación/importación equivalente que corresponda. Si no es así, algo en el mercado interno anda mal. Muchas veces se ve en los estudios de investigación que las fórmulas y las metodologías producen una cierta ceguera y se pierde de vista este axioma fundamental.

 Aplicando este principio elemental al mercado del vino, el precio de la uva vinífera –que es una función de demanda derivada del producto final- debería también tener una coherencia con precios internacionales de este insumo, los cuales, a su vez, deberían seguir una relación más o menos estable con el precio internacional del vino de categoría equivalente. Por otra parte, tratándose de un insumo esencial para producir vino y, a la vez, cuyo costo representa una fracción menor del precio del producto final, esta demanda derivada debería ser bastante inelástica. La conclusión es más o menos lógica: una reducción importante en la cosecha chilena de uva vinífera debería tener asociado un alza –digamos ajuste, más que reajuste, considerando adicionalmente que el nivel de precios en Chile no le llega ni a los talones al precio equivalente pagado de uva en, por ejemplo, California- en los precios pagados. “Debería”, cosa que no ocurre.   

 ¿Observamos este axioma en el mercado local? En mi opinión, claramente nos encontramos en riesgo de estar en presencia de un sofisticado y peligroso cartel tácito, toda vez que los elementos que configurarían el abuso de la posición dominante por parte de los grandes y pocos compradores de uva vinífera no serían solamente los “tradicionales”, si no que mucho más sutiles, pero de certera eficacia.

 No nos confundamos: la eficacia del cartel, es decir, sus resultados a la luz del axioma antes expuesto, es la prueba maestra de su existencia, más que la búsqueda de pruebas tradicionales que muestren colusión, las cuales a estas alturas, son cada vez más difíciles de encontrar.

 Dada la reiteración de este sospechoso proceso de fijación de precios, resulta imperioso que la FNE actúe ahora en corregir imperfecciones en este mercado tan relevante para el país y la imagen que se quiere proyectar. No hay que esperar una investigación de un año y medio para actuar, que es el promedio de tiempo que se demora la FNE en hacer un estudio; tampoco que el mercado del vino sea el elegido para ser analizado dentro de los dos estudios que la FNE hace en el año. Los productores de uva no pueden esperar, algunos ya no dan más.

 No hay que olvidar que este tipo de prácticas tiene importantes efectos colaterales en el exterior, cuyas acciones de clases pueden tener drásticas sanciones internacionales a quienes compiten deslealmente. Así que las correcciones es este mercado benefician incluso a aquellos que forman el cartel.

 

Nota: como contexto general, recomiendo la columna “Dura vendimia a la vista”, escrita en enero 2016 http://comopiensasves.blogspot.cl/2016/01/dura-vendimia-la-vista.html.

 
 

Iván Rojas B.