martes, 3 de marzo de 2009

Shadow banking system


Hay algo que ha quedado claro con la presente crisis de pánico (o del crédito, como oficialmente se le llama): la falta de información relevante para tomar buenas decisiones de inversión. Por ejemplo, una mayor transparencia en la información sobre el derivado por excelencia de esta crisis -los Credit Default Swaps- habría permitido evaluar correctamente el activo subyacente y sus riesgos, facilitando el seguimiento posterior en la interminable cadena sucesiva de pagos y reestructuraciones de cartera. Cuando la información es relevante, estandarizada y pública, el proceso de toma de decisiones es óptimo; el problema es que la información es incompleta, irrelevante o simplemente incomprensible.

Lo anterior pareciera ser obvio, pero por increíble que parezca, existen argumentos en contra de la transparencia porque el shadow banking system ha prosperado en Estados Unidos. Se plantea que la información simétrica entre los agentes podría afectar la liquidez de los instrumentos y con ello impedir atractivos retornos al estar obligados a poner sobre la mesa las estrategias de inversión que se realizan.

Con todo, la discusión está vigente en dicho país, pero ¡ojo!, se relaciona con el óptimo manejo de estos instrumentos financieros más sofisticados, donde se busca imitar lo que ocurre en las bases de este mercado de capitales. En efecto, la transparencia es parte del núcleo de este mercado y, por ejemplo, permite que cada consumidor pueda hacer lo más básico de un proceso de compra: comparar alternativas para un crédito y elegir.

En Chile, en cambio, no se puede conocer oficialmente el costo efectivo que un crédito tiene para el consumidor; la única forma de estandarizarlo es informar la tasa efectiva (o tasa interna de retorno), incorporando todos los costos asociados a un crédito (muchos de ellos fijos, como los gastos notariales, seguros y comisiones) y considerando el monto líquido que recibe el cliente). Esta es la vara con la que se debería medir. Así no nos llevaríamos sorpresas cuando nos llega un estado de cuenta, sabríamos ex-ante que muchos créditos superan por varios puntos la Tasa Máxima Convencional –invento que busca proteger al consumidor- o simplemente tomar la mejor decisión financiera. La gente sería su propio Sernac.

Mientras tanto, nos embolinan la perdiz con informes que suman linealmente las cuotas pagadas en distintos periodos de tiempo (típicos informes que salen en marzo y diciembre), que entregan rangos de tasas para un crédito determinado (olvidando el estadígrafo relevante, el promedio) o cobros por zona geográfica (como si el dinero tuviera costos de transporte). Y más encima, ahora se nos dice el sistema financiero chileno es un ejemplo en la rapidez con que se está traspasando la rebaja de tasas a los clientes, cuando lo que importa es el nivel en que éstas se encuentran, porque el spread promedio sigue alto, superando varias veces el de otras economías, aún ajustado por riesgo.

La transparencia es aquel bien en el que nadie se opone de palabra, por lo menos en la etapa de desarrollo en la que hoy nos encontramos. Es políticamente incorrecto. Pero algo impide que sigamos avanzando. Las externalidades positivas serían enormes, ¿qué porcentaje de las rentas del sistema financiero se eliminarían si cada consumidor pudiera tomar decisiones óptimas? Por ahora, es una transferencia unilateral de riqueza en nuestro criollo shadow banking system.

1 comentario:

María José Duarte R. dijo...

Tal como los fractales, depende de la distancia con que miremos para darnos cuenta que es lo mismo… Si estamos muy cerca vemos lo mismo que si estamos muy lejos!!! Si todos hablan de crisis existe crisis... lo importante en este minuto ciertamente no es saber si sabes hablar sino quien grita mas fuerte.